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viernes, 10 de febrero de 2012

CINE PARA PALADARES ATORMENTADOS

Una voraz hambruna dejó un rastro de asombro sobre la más desprevenida copiosidad. Se instaló la extrañeza, la desorientación y el desmayo.

Cuando descubres a un cineasta capaz de llenarte el estómago de agujas, algodones y reflejos donde mirarte, así te quedas.

El encuentro te deja exhausto, asqueado e insólitamente feliz.

Vivir experiencias anómalas en una sala de cine o en el salón de tu casa puede ser más poderoso y estimulante que saltar en paracaídas, correr en pelotas por el mercado de abastos o llegar tarde a tu muerte.

Las películas que ha firmado Paul Thomas Anderson ayudan a plantearnos sin remilgos lo miserables que podemos llegar a ser. Pero como una enorme paradoja conseguir, gracias a ella, mirarnos con humilde compasión.

Deseos, engaños, ponzoña y atisbos de lucidez.

Desmedidas ambiciones, lógicas penumbras, humana condición.

Descubrir el mundo siempre es doloroso.

Quizá por entre la hojarasca, el estiércol y la inmundicia, se esconde la magia.

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