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viernes, 2 de junio de 2017

DE AMOR Y DE OTROS ALIMENTOS


Estar enamorado es tener hambre infinita y no sentirse satisfecho ni con mil banquetes de exquisitos manjares. Es ser luz y no encontrar oscuridad capaz de tragarte. Es sentir como bailan tus pies en total quietud gracias al alegre e incontrolable temblor de un suelo con vida propia. Es reír sin motivo o arder sin llama. Ver como el intenso color rojo de un domingo se derrama con naturalidad hasta su lunes. Es oír el despertador como una magna obertura. Es hacer de la fascinación, hábito. Y de la gana, costumbre. Desde que ella llegó, yo dejé de ir. Desde que ella está, dejó de importarme donde yo esté. Y todo lo contrario. Simplemente soy y estoy mejor. A la humanidad le iría mucho mejor si toda ella estuviera enamorada el mayor tiempo posible.
Hasta aquí he hablado de amor, ahora toca hablar de otros alimentos. Sentir la frustración del desamor es tener el vientre lleno de nada y sentir la imperiosa necesidad de cagar todos y cada uno de los cristales en los que se convierte el corazón al romperse y, con la fuerza de la gravedad, bajar del pecho al estómago para hacer sangrar sus paredes con furia, como si nunca hubieran sido vecinos bien avenidos, como jode una comida putrefacta de digestión imposible. No estar enamorado es llevar alimento a la boca que ni fu ni fa. Sentir la indiferencia es comer solo en un restaurante con encanto y hacer la digestión cambiando de canal sin que nadie se enfade. O lo contrario.
Para poder estar enamorado hay que saber no estarlo, saber estar solo, alimentarse bien, y lo más importante, tener el corazón en su sitio.          

2 comentarios:

  1. ... Llevo un rato intentando responder a tu comentario y solo me sale un lacónico GRACIAS.

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