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viernes, 11 de agosto de 2017

LA SOLEDAD DEL POBRE


Fue querido mientras tuvo billetes que gastar, mientras las fiestas corrieron por su cuenta. Los conocidos se agolpaban en su puerta, arreglados y perfumados, dispuestos a hacerle la existencia más alegre, más amena. Si no sabía a donde ir siempre había quien le sacaba de apuros y le indicaba el sitio de moda en el que la diversión refulgía obscenamente en exceso. Si no sabía qué vino pedir, el recién experto enólogo por un curso gratuito ¨on line¨, lo sacaba de la indecisión con los matices de color en las mejillas que da ser un redomado caradura. Si necesitaba consejo en la forma de vestir, un ganado de ¨personal shopper¨ salía en desmandada jauría para hacerle ser un tío fino y elegante y dejarle la tarjeta en harapos, o simplemente desnuda. Si no sabía mantener conversaciones interesantes con chicas interesantes, no le faltaba experimentados ¨gígolos¨ que lo llevaban a los sitios de alterne más lujosos. Fueron días de vino y rosas que con gusto ¨degustó¨ hasta que, la falta de frescura monetaria agrió el vino y pudrió las rosas. Los acreedores se agolpaban en la puerta. Y los números de teléfono antes llenos de amistades de rápidas respuestas después se llenaron de desconocidos con el móvil desconectado. Nadie ya parecía conocerle. Solo respondió el último de la lista, uno que apenas recordaba, uno que no le acompañó en ninguna fiesta. Los honrados aburridos no sirven para hacer el imbécil.
Cada cual hace con su dinero lo que quiere. Tanto si sabes lo que quieres, o no.