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viernes, 16 de marzo de 2018

DÍAS FUGACES DE VINO Y ROSAS


Se celebra cuando se tiene el corazón embriagado, el tiempo por delante detenido por la euforia y la sombra desaparecida por la falta de luz en la noche. Un buen trago te da ganas de seguir tragando como un buen compás mueve tus pies hacia el siguiente. No hay mejor medicina para el espíritu que un buen licor espirituoso. No hay mejor solución para la sed que hacer un brindis con el vino bueno, la compañía sedienta excelente, el ardor desatado y el alma tan generosa como el dulce licor. La salud no es solo falta de enfermedad, es comprender que esforzarse en evitar lo inevitable es enfermizo. La plenitud solo está al alcance de los borrachos, de los niños y de los locos, seres puros por razones diferentes. Han entendido que los días que tienen en sus manos son una broma fugaz, luego prefieren beber, jugar y soñar. La embriaguez te quita puntos, pero hace más llevadera la pena de no ser borracho, niño o loco. Hay gente rematadamente triste incapaz de darse una alegría. Hay gente tan ocupada en despreciar al prójimo que caen en la necedad de no saber que ellos también son prójimos para el resto. Hay gente que piensa que sus bienes son merecidos, gracias a su talento y que sus males vienen de fuera, de otros que no son ellos. Se niegan a ser escoria, a formar parte del barro, a ser débiles inútiles que hay que alimentar, a pagar sus vicios con virtud tan esforzadamente ganada. No van a brindar con nadie que esté por debajo, ni por encima, por supuesto. A los que son mejores que ellos, aun los soportan menos, al menos a los que creen que están por debajo, los necesitan para justificar su lustre y su abstemia generosidad. Sus corazones solo consiguen embriagarse con el mal ajeno.  
        

viernes, 2 de marzo de 2018

PÉRDIDAS IRREPARABLES


Cuando nos abandonan los que lo dieron todo, nos dejan como al principio, sin nada más que perder. Está ocurriendo sin apenas darnos cuenta, sin atisbos de que alguien solvente pueda coger el testigo. La sensación de pérdida es tan definitiva que solo podemos entregarnos a ella con la voluntad ausente encajando de rodillas el golpe y dejando que el dolor campe a sus anchas. Sin ellos somos absolutamente peores. Se van sin hacer ruido después de componer las más bellas melodías. Se van al infierno dejándonos paraísos que no seremos capaces de cuidar. No es cuestión de hacer sangre, pero sin ellos la sangría es imparable. No nos damos cuenta de que el futuro apestará si olvidamos el perfume que dejaron a su paso. Es una dramática visión cargada de verdad. Las artes son un conjunto de hermosas mentiras para engañar al dolor, a la muerte y al vacío. No se puede soportar la vida sin más. Hay quien busca su sentido y encuentra que no lo tiene, o lo que es peor, hay quien pasa la vida sin darle sentido y la pierde igualmente pero sin saber que alguna vez la tuvo. Las pérdidas irreparables son cada vez más irreparables. La lista se va agotando. Bowie, Lou, Grant, Brood, Cash, Lennon. Harrison, Mercury, Lemmy, Joey, Strummer, Marvin, Cobain, Bolan, Thunders, Deville, Scott, Elvis, Camarón, De Lucía, Hendrix, Marley, Otis, Petty, Brilleaux… Y no por este orden. Y faltan más de los que están, pero hoy por Bowie que nos ha devuelto al más desértico de los principios con su canción, con su falta. Y parece que fue ayer.       

viernes, 26 de enero de 2018

ÁNGEL EXTERMINADOR


No es fácil ser un ángel exterminador. El oficio es arduo, ingrato, penoso a más no poder. Las condenas se ejecutan con el pulso firme pero con aflicción, como quien obedece órdenes sin cuestionar si son totalmente justas pero con incertidumbre al quemarse el más mínimo atisbo del yo. Las misiones se cumplen, con firmeza todas. El rastro de destrucción es tan completo que en las cunetas se acumulan abruptos finales con hedor a borrón y cuenta nueva. En el fondo, ser un exterminador es ser un bombero pirómano, es apagar incendios humanos con llamas divinas, es destruir lo destruido, aniquilar lo aniquilado, fundir despiadadamente lo inútil, matar lo falto de vida. Los ángeles visten de blanco y enseguida se tiñen de rojo. Llegan con la luz para extender la oscuridad. Es el precio que hay que pagar por la deuda. No es fácil ser un ángel vengador, sobre todo si sientes una pizca de piedad. Formar parte de un ejército es lo que tiene. Si suenan las trompetas hay que infligir dolor, muerte y llanto. En la segunda horda de ángeles blancos ha habido uno que se ha rebelado. Ha creído oportuno dejarse de llamas, volver sobre sus pasos alados y decir a su superior que destruir no entraba en sus planes. Y quizá en los de sus compañeros tampoco. Que no se lo tomara como un discurso misionero, solo como un consejo amistoso. Entonces una luz cegadora lo expulsa del paraíso, socarrando su blanca vestidura a medida que cae. Sabe que ha sido desterrado al tocar tierra. Se ha convertido en el ángel negro. Y sinceramente, se ha sentido aliviado, perversamente mejor.

jueves, 18 de enero de 2018

LOS BUENOS TIEMPOS


Cuando la juventud te sobra y te abruma al intentar comprender su sentido solo deseas divertirte derrochándola. Y solo cuando la pierdes se hace comprensible. Funciona como los fuegos artificiales que son un montón de pólvora gris sin gracia hasta que explotan de belleza al quemarse en el cielo. La desaparición es virtud y la insistencia pesadez. Hasta que no te falta no te das cuenta de lo breve que es. Los buenos tiempos se suelen asociar con la plenitud juvenil, con el furor del éxtasis, con la inconsciencia de creer estar en el siempre. Las primeras sensaciones son tan poderosas que dejan al resto por vivir como un triste y vano intento por repetir lo que nunca volverá. Nos quedamos solos, si es que alguna vez estuvimos acompañados. Antes de que te des cuenta, la fiesta se acaba, y suele hacerlo de la peor manera. En el fondo tiene suerte quien se siente perdedor, quien ha tenido resaca, quien echa de menos al estúpido insensato que una vez fue. Algún día te levantas y no queda ni rastro de ti. Entonces, levanta la cabeza y mira hacia el cielo para descubrir en que colores se convierte la pólvora de la que estás hecho.