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viernes, 28 de diciembre de 2018

LA PENDIENTE


No te fíes de la visión majestuosa que la juventud ofrece, tan solo es un instante de poder condenado a debilitarse. Toda plenitud incluye decadencia y desaparición. Tampoco desprecies la luz cuando te sobra, cuando te ciega con su traje de lentejuelas bajo un sol de justicia, en menos de que canta un gallo te verás envuelto en sombras lamentando puerilmente la magnitud del apagón. Se termina apreciando lo que falta si al principio se ha despreciado lo que sobra. No es solo cosa de viejos, es cosa de todos y suele ser tarde llegar a comprender cosa tan simple. Cierto es también que no se puede vivir sin intentar olvidar que nada dura eternamente. Pero si tienes la arrogancia por las nubes por ser joven y te cruzas con un anciano, no lo veas como un molesto estorbo, con generosidad te está dando pistas de hacia donde te diriges. Y si le prestas la adecuada atención puede que te enseñe útiles cosas. Alguna vez fue tan necio como tú, pero al llegar más lejos que tu quizá haya tenido tiempo de mejora. Es gracioso pensar que cuando le coges el tranquillo a vivir todo se desmorona y pudre, señalando con sorna la salida. Haz lo que esté en tu mano para aliviar la caída por su pendiente. No le dejes solo. Y reza por encontrar a alguien como tu cuando estés resbalando por la tuya.