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viernes, 1 de febrero de 2019

TODO ES TRANSITORIO, MENOS AMARTE


Si fracaso en esto, fracaso en todo. Siempre pensé que poner la fe en un amor es como hincar nubes en la tierra o como helar el infierno con alocada convicción. Nada permanece. La ley del cambio fluye e irrumpe con fiereza alrededor nuestro dejándonos huérfanos de poder, convirtiendo la libertad personal en un guiñapo ridículo más parecido a un chiste sin gracia que a un digno logro. Abocados estamos a desaparecer en un ¨pis-pas¨, a no dejar rastro alguno, a ser una acumulada nada. Rugimos sin saber que en el vacío no se puede gritar. Sin saber que lo duradero no está a nuestro alcance. Lo nuevo envejece de forma abrupta. Hay tantos cambios que cualquier intento de adaptación resulta tan baldío como detener la pérdida de juventud con bálsamos, cirugía o vestimenta infantil. Los océanos se secarán, el sol morirá en medio de la noche y el mundo será despedazado sin tiempo para tener una mortaja decente. Todo esto pasará.
Pero me niego. Me niego a ser un realista de mierda. Me niego a dejar que mi amor por ti sea un temblor pasajero. Me niego a pensar que lo que ahora siento forme parte de la inconmensurable y vulgar transitoriedad. Y si para ello tengo que engañarme con falsos ensueños, lo haré. Quizá no te puedo querer realmente, pero nadie podrá decir que, en sueños, te quise. Y como la ilusión está a salvo de la realidad y del tiempo: Te amaré para siempre.