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viernes, 30 de abril de 2021

ESTADO DE INQUIETUD

Si buscas un sitio es que necesitas saber a donde ir. Sentirte extraño es tu estado natural. La inquietud te inquieta, te arde, te adormece y no encuentras la forma de salir del fornido letargo. Pareces una figura de mármol en medio de un vendaval, un figurante borroso en una imagen de acción, una sombra en una tarde soleada, un incomprensible desliz en terreno llano. La pendiente es de fatídica inclinación. Parece que nada esté hecho para ti. Buscas una salida en el callejón, un asidero en el precipicio y una fortaleza en la debilidad. Cuando te rodea la indecisión, decides no moverte. Cuando te impulsa la ingravidez, te conviertes en pálido cemento. Y cuando la ansiedad es tu pulso acelerado, te quitas de en medio como vapor de agua en ebullición. La mañana más vulgar acaba estropeando tu noche más excelsa. La piel se torna roca al perder el sentido y el beso más dulce te parte los labios dejando púrpura el mentón. El golpe es la forma en que se expresa el corazón al latir. La fiebre te hiela y el tiempo te devuelve al cascarón. La vida es un fugaz intervalo jocoso entre el nacer y el morir exento de importancia. Escuece no comprender tamaña simplicidad. Es frustrante sobremanera buscar un sitio en la eternidad, sobre todo si no entiendes que solo perteneces al instante. Eres material de olvido como absolutamente todo el resto lo será.

jueves, 1 de abril de 2021

BARATIJAS

Son las diez y los bares han cerrado. Los corazones encendidos se abortan como luces en un cortocircuito. Todo se oscurece y las almas desvanecidas huyen con pánico dejando a su paso cadáveres tan vacíos como madera podrida. Huele a abandono y hastío mientras el señor de la limpieza recoge el último cascarón. Por entre los residuos quedan ilusiones y promesas tan rotas, tan sucias, tan finas, que ni todas ellas juntas harían un recuerdo decente. Hubo un tiempo en el que cualquier pestañeo podía provocar una avalancha, cualquier silencio temblor y cualquier deseo satisfacción. Las noches comenzaban al atardecer y el amanecer solo era un eterno suspiro. El amor se malgastaba en un instante y el placer renacía a cada agotamiento. Hasta los lugares comunes llegaban a parecer insólitos. La intensidad no dependía de un buen plan, simplemente estaba ahí. La depresión era una resaca y el dolor un mero tropiezo a punto de pasar. Son las diez y el cementerio acaba de abrir. Hay flores para parar un tren y perfuman los caminos del Señor con ironía sutil. La tierra prometida abruma con su esplendor por entre sarcásticos epitafios dejando, ahora sí, recuerdos como puños con absoluta rotundidad.