Recorriendo parajes de limpia luz, desquites de oscuridad, respirando profundamente como quien ahuyenta encarnizados olores luctuosos. Dicen que el movimiento esquiva pesares. Y que el salitre es la mejor receta para los apestados. Tener el mar cerca ayuda a curar cualquier herida de un error cantado. Deslizarse por la costa blanca es tan beneficioso como un blues en medio de una oración. Vivir sin un poco de veneno es soledad inalterable. No ser veloz es rendición. No ser rebelde es dejarse hacer. Y no fracasar es no habérsela jugado. Por estos lares el buen tiempo invita a apostar con todo. Quien no se excede, la vida se encargará de excederse con él, sin miramiento alguno. Las sacudidas son del tamaño de un volcán escupiendo traiciones. Y ahí te quedas, desnudo, desamparado, boqueando como un pez en el suelo al romperse la pecera. En este bendito paraíso, los pescados más indomables viven en el mar, que para eso lo tienen cerca. Y si asoman las branquias al cielo es para reírse de los pescadores con olor a cebo podrido. La costa blanca se hizo a costa de las almas sin luz. Quien no sabe arder, nunca se encendió. Quien no pisa arena no sabe limpiarse. Y quien no ha sabido vivir, difícilmente sabrá morir.
Fórmula compuesta de música y lectura que busca poner la piel de pollo. Con la música seleccionada debería bastar, pero debo juntar palabras de mi magín por hacer algo. Gracias por la visita.
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viernes, 2 de octubre de 2015
viernes, 25 de septiembre de 2015
VISIONARIO
Pasó por la puerta del hotel que le vería despedirse y sonrió. Faltaban veinte años como veinte soles y sabía que los iba a surcar como un rayo encendido para convertirse en el sol veintiuno. Corría ardiente por la vida como lo hacía el veneno en su sangre. Aun así, le iba a dar tiempo para dar todo lo que tenía.
Supo muy de joven que la vida es un sucio juego en el que siempre se pierde y no estaba dispuesto a dejarse arrastrar por la fatídica resignación. Él sería quien decidiera cuándo y cómo. Soñar con fuerza da alas y cuanto más despierto estaba más cerraba los ojos. Volaba tan rápido que nadie puede decir que lo haya visto. Habló fuerte y nadie le oyó. No huía, perseguía belleza y libertad por entre los escombros. Y al ver sus alas inservibles de tanto agitarlas subió a la azotea del hotel para un último vuelo festivo y cumplir así su antigua sentida premonición. De asfalto eligió su féretro. De vida llenó su muerte.
En los buenos tiempos sudaba buen rocanrol y en los malos también. Cantaba sus canciones como un bello jilguero ronco lacerado. Pintaba con desesperación las veces que se sentía mono en vez de pájaro y, delante del hotel, con una mancha oscura firmó su último cuadro.
Supo muy de joven que la vida es un sucio juego en el que siempre se pierde y no estaba dispuesto a dejarse arrastrar por la fatídica resignación. Él sería quien decidiera cuándo y cómo. Soñar con fuerza da alas y cuanto más despierto estaba más cerraba los ojos. Volaba tan rápido que nadie puede decir que lo haya visto. Habló fuerte y nadie le oyó. No huía, perseguía belleza y libertad por entre los escombros. Y al ver sus alas inservibles de tanto agitarlas subió a la azotea del hotel para un último vuelo festivo y cumplir así su antigua sentida premonición. De asfalto eligió su féretro. De vida llenó su muerte.
En los buenos tiempos sudaba buen rocanrol y en los malos también. Cantaba sus canciones como un bello jilguero ronco lacerado. Pintaba con desesperación las veces que se sentía mono en vez de pájaro y, delante del hotel, con una mancha oscura firmó su último cuadro.
viernes, 18 de septiembre de 2015
CONTENTO POR LLEGAR TARDE A CADA UNA DE LAS CITAS
Ella me subyugó desde el primer día que supe de su existencia. Me salió al paso con prontitud, irresistiblemente sutil. Yo, un inexperto de antología, fui cayendo en sus redes sin saberlo. Aparecía y desaparecía con inteligente misterio dejándome al albur de su extraña atracción y de mi propia incomprensión. Desde muy joven sentía que me faltaban claves para comprender el mundo que me había tocado vivir. Hasta que un día de esos tontos, ella se me apareció en todo su esplendor, rellenando los huecos de mi insatisfecha lógica mental. Se completaba mi visión del asunto sin resolver, al verla tan rechazada por todos como necesaria para mí. Desde entonces fui tras de ella y ella tras de mí. Quedábamos en cualquier sitio, a cualquier hora. Pero, nunca nos vimos. Siempre había alguien que llegaba antes que yo. Y me quedaba triste y pensativo, echando de menos sus delgadas manos, sus labios de piedra y su olor a abandono.
Y una y otra vez, yo llegaba tarde a sus citas. Otros se iban con ella y no negaré que, en alguna ocasión sentí celos. Pero, a estas alturas, quizá por despecho, voy a hacer lo posible para llegar tarde a todas las citas que me queden. Y sobre todo, a la última. Creo poder vivir contento sin el amor de mi vida.
Y una y otra vez, yo llegaba tarde a sus citas. Otros se iban con ella y no negaré que, en alguna ocasión sentí celos. Pero, a estas alturas, quizá por despecho, voy a hacer lo posible para llegar tarde a todas las citas que me queden. Y sobre todo, a la última. Creo poder vivir contento sin el amor de mi vida.
jueves, 10 de septiembre de 2015
INVISIBLES
Los saludos están hechos de carne, los adioses de transparencias. Por ello hay gente que, al cambiar de sitio, prefiere no usar las despedidas en ningún caso. El día que descubras el nuevo poder de atravesar las puertas sin abrir y que, ningún chichón adorna tu frente, podrás vivir sin que nadie te vea. Tendrás ventaja si juegas al escondite, a no ser que alguien te recuerde con tanta fuerza que, sus ojos cerrados te localicen con una sobrenatural exactitud. Nos pasamos la vida esforzándonos por hacernos visibles y, cuando la tozuda imposibilidad nos doblega, es cuando la carne transparente de otros nos fija como nunca hubiésemos imaginado. Los sueños están hechos de frustraciones, las vigilias de actitud. Donde terminan unos, empiezan otras. El tránsito no se detiene. Frágil es la línea, voraz el impulso. Los buzones de cualquier ciudad cambian de titulares a un ritmo tan frenético que todas las cartas se devuelven y acumulan en su acrópolis. Para la ciudad llegan tarde, para el camposanto, a su hora.
Los saludos son carne de desaparición. Por ello, hay gente que se niega a saludar. Pero también hay gente que no necesita decidir entre lo invisible o lo carnoso, entre lo arraigado o lo fugaz. Simplemente sin esperar respuesta, ama lo que ve y lo que no.
Los saludos son carne de desaparición. Por ello, hay gente que se niega a saludar. Pero también hay gente que no necesita decidir entre lo invisible o lo carnoso, entre lo arraigado o lo fugaz. Simplemente sin esperar respuesta, ama lo que ve y lo que no.
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