Quien lo desea todo debe saltar al vacío y perder el miedo a no tener red en la caída, vértigo, complacencia o desesperación. Si no quieres verte vapuleado, no pidas turno en la lucha. Si no quieres ser un juguete desmembrado en manos equivocadas no sonrías en el expositor, a menos que el destrozo merezca la pena al sentir por un fugaz momento latir el corazón en el vientre como lo hace una estrella al morir. Enamorarse es entrega y pérdida. La intensidad del placer es proporcional al dolor que sufre nuestro ego al abandonarse, al sentirse eclipsado por una luz superior. Quien lo ha superado sabe que no es fácil, que debe haber una convicción a prueba de razones y que solo la fe da el impulso necesario. Cada noche intentarás retrasar la hora de dormir, la hora de que el mal sueño se adueñe de ti. Puede que sea en forma de accidente de coche que se repite hasta la extenuación. Tira las llaves y desguaza el miedo. Equivocarse no es un error, es de lo que están hechos los aciertos. Donde hay una cicatriz, hubo una herida. No son más fuertes los que escapan de la debilidad como alma que lleva el diablo, ni los que huyen de la tristeza, más felices. Somos meras anécdotas sin futuro con la maravillosa oportunidad de hacer de la putrefacción virtud. De dejar el miedo en manos de las pesadillas y despertar alegremente con las ganas intactas para amar, morir, o lo que sea.
Fórmula compuesta de música y lectura que busca poner la piel de pollo. Con la música seleccionada debería bastar, pero debo juntar palabras de mi magín por hacer algo. Gracias por la visita.
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viernes, 20 de julio de 2018
SALTAR AL VACÍO
Quien lo desea todo debe saltar al vacío y perder el miedo a no tener red en la caída, vértigo, complacencia o desesperación. Si no quieres verte vapuleado, no pidas turno en la lucha. Si no quieres ser un juguete desmembrado en manos equivocadas no sonrías en el expositor, a menos que el destrozo merezca la pena al sentir por un fugaz momento latir el corazón en el vientre como lo hace una estrella al morir. Enamorarse es entrega y pérdida. La intensidad del placer es proporcional al dolor que sufre nuestro ego al abandonarse, al sentirse eclipsado por una luz superior. Quien lo ha superado sabe que no es fácil, que debe haber una convicción a prueba de razones y que solo la fe da el impulso necesario. Cada noche intentarás retrasar la hora de dormir, la hora de que el mal sueño se adueñe de ti. Puede que sea en forma de accidente de coche que se repite hasta la extenuación. Tira las llaves y desguaza el miedo. Equivocarse no es un error, es de lo que están hechos los aciertos. Donde hay una cicatriz, hubo una herida. No son más fuertes los que escapan de la debilidad como alma que lleva el diablo, ni los que huyen de la tristeza, más felices. Somos meras anécdotas sin futuro con la maravillosa oportunidad de hacer de la putrefacción virtud. De dejar el miedo en manos de las pesadillas y despertar alegremente con las ganas intactas para amar, morir, o lo que sea.
viernes, 1 de junio de 2018
JUSTO EN EL TIEMPO
De camino a la cocina tropieza con su madre, o lo que queda de ella: Tiene los ojos hundidos por la presión del tiempo y la figura vencida por el inminente desplome de unos huesos que anhelan descansar un segundo en la tierra para asaltar el cielo en forma de polvo evaporado. Balbucea algo incomprensible como si desde un mando a distancia le hubieran bajado la voz al tres. Son casi las dos del mediodía y no ve el mantel puesto, una hora que jamás le pilló a ella sin tener vestida la mesa, sin salir nada humeante de los fogones de trigo y bullicio para alimentar ejércitos, sin sentir que algo importante pasará por sencillo y cotidiano que sea. No se desprende del humilde instinto protector ni cuando la furibunda vejez le ha arrancado la piel dejándola expuesta a un final que lo vacía todo. La bondad no es un bien que se gana con el comercio, se le arrebata al odio con la convicción de un kamikaze indolente y burlón. La sabiduría no la da un puñado de triunfos, más bien la da un par de estrepitosos fracasos que solo fructifican en corazones bruñidos, inquebrantables y de indómita generosidad. El hijo, de camino al trabajo piensa que, a falta de hijos, buenas son las madres.
Quien al principio le dio tosca forma, al final, sorprendentemente lo esculpió. Y se alegra de que aun esté justo en el tiempo con él.
viernes, 25 de mayo de 2018
EL ÚLTIMO PUÑADO DE TIERRA
La ceremonia se tiñe de húmedo silencio que se rompe con un puñado de tierra cayendo sobre el cadáver como el último golpe de maraca al final de una canción. Todos de pie y de negro reprimen con respeto la teatralidad que supondría liberar a los actores dramáticos que llevan dentro. Las nubes son un cúmulo de grises en dirección a la tormenta más oscura. Los segundos caen como lacerantes alfileres sobre la escasa multitud. Los minutos son coronas de flores que nadie tiene a su alcance pagar. Y a la hora de irse, nadie quiere ser el último. Están al aire libre y a todos les falta, se podría decir que sus pechos son hormigoneras moviendo polvo de cemento sin agua. Se oye una voz infantil quejándose y su madre le intenta acallar sin comprender que en su tierna situación, presenciar cualquier final le aburre, que no está para cavar tumbas, que los ladrillos son para construir y no para enmarcar fechas. El miedo es patrimonio del vivir, no del morir. Tras la molestia surgen murmullos de malestar, quien está más cerca de la tierra que de la vagina suele comportarse así. Empieza a llover y convierte la tierra en barro. Los menos allegados con discreción se dispersan, los más aguantan estoicamente el chaparrón. La ceremonia se da por concluida cuando el cielo se despeja. Todos desaparecen, menos uno.
sábado, 5 de mayo de 2018
FIEBRE EN LA CALAVERA
Cuando encuentras motivación, tanto si la buscas como si no, los grados naturales de tu cuerpo se elevan hasta romper cualquier termómetro que se acerque a tu piel, excitando la necesidad de expresar emociones y hacer de la catarsis creación. La fiebre ayuda a disolver lo cotidiano, a llevarte a las afueras de la mediocridad y desde esa venturosa anomalía proporcionarte visión sin límites, esa que te ayuda a extraer lo que de otra forma permanece oculto. Para crear hay que sacrificar con un baño de sangre la limitada realidad sin que el pulso tiemble. Hay que buscar la ganancia en el intento una y otra vez, a pesar de no sacar más que locura, esfuerzo, fracaso y pérdida. A veces solo es cuestión de actitud y la mejor actitud es comprender que nos falta talento y nos sobra medianía en el mejor de los casos y aun así, sobreponernos a tamaña aceptación y dejar que la fiebre llegue a la calavera y funda con su delirio la paralizante realidad para, como asnos tozudos, volver a sentir esa maravillosa sensación que da crear algo, aunque simplemente sea en realidad descubrir para nosotros, lo que antes alguien creó. La fiebre estuvo, está y estará solo en los grandes. Lo acaparan todo. No dejan ni el calor residual. Pero beber de sus fuentes motiva al artista más gélido y provinciano. Y si se hace honestamente, algún grado de fiebre llegará a tu calavera y al menos mientras estés en el proceso de creación, serás un artista. Y si lo sigues siendo cuando acabes tu obra, algo tan improbable como la paz en el planeta, será lo de menos.
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