viernes, 8 de noviembre de 2013
PELUQUERÍA SECRETA
Dicen en la peluquería secreta que estamos calvos de tanto desmelenarnos, que hemos gastado más en laca que en yogures y más en mechas que en fideos. Nos han convencido de que para tener buena imagen es obligatorio no comer ya que la felicidad está en el espejo y no en la nevera. Nos han dicho que el sentido común es un cuento para bobos, que el que no se endeuda no participa y que sin gastar no se crece. El ruido de las monedas nos ha dejado sordos, pero seguimos bailando al son de la locura en una enorme party de la que nunca hemos formado parte. Los peluqueros en la sombra son los que han marcado nuestro estilismo haciéndonos creer que bajo cada personal corte de pelo hay un cerebro que decide. Han conseguido que pensemos que a la salida de la pelu está esperándonos una verbena interminable. Pero, cuando menos te lo esperas, la fiesta llega a su término y alguien tiene que pagarla. Por alguna razón incomprensible, las peluquerías se han reconvertido en sombrererías. Los que nos han dejado calvos ahora nos quieren vender sombreros.
La ventaja de haber vivido siempre en crisis es que nunca se te pasó por la cabeza entrar en una peluquería. Y la ventaja de no necesitar ir a la moda es que el cerebro, con calvicie o sin ella, está fuera del alcance de cualquier control remoto.
Dicen los sombrereros que la gente honesta es la menos atractiva, quizá porque en un mundo repleto de paleta integridad no venderían un carajo.
Dicen que mañana habrá una fiesta de las que no se olvidan. Me voy a por laca que no me queda.
jueves, 7 de noviembre de 2013
TAN LEJOS, TAN CERCA
Desde que Lou ya ni me habla, ni me mira, puedo decir que han saltado todas las alarmas. Ha llegado la hora de la acción envuelta en luto, de la liberación enfermiza, del vértigo ante la orfandad, del pánico ante el cronómetro en marcha mordiendo el fin. No sé si es peor la losa de su presencia o la de su ausencia. He llegado a pensar que en la salvación del frágil chico atontado que fui, el rockero de Brooklyn incorporó subrepticiamente la condena. Y ahora que ha muerto, me deja de golpe en mitad de la escena sin tiempo para excusarme por la inacción, sin tiempo para lamentar la pérdida tan suya como mía, sin tiempo para volar totalmente solo.
Podía ocultarme cuando él estaba, podía sonreír cuando tenía tiempo para no hacer nada, de todos modos ¿para qué esforzarme en crear copias del original?
Lou se ha ido como se fue mi juventud, como se va mi tiempo. Volveré a coger la guitarra sin que su cínica mirada de sapo me haga sentir insecto. Volveré a guardarla en cuanto un acorde distorsionado haga en mi herida infección. Lo cierto es que no hay tiempo para la cura. Se está haciendo tarde para todo, menos para volver a escuchar sus canciones, estoy más en ellas que en el espejo y si hay música que termina evaporándose es porque sin duda llegó a hervir.
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