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sábado, 17 de octubre de 2015

NO SE DEBE MORIR EN UN DÍA SOLEADO


La piel olía a membrillo, el café a despertar y los problemas a próximas soluciones. Sin quererlo fluía el día inquieto, luminoso y azucarado. Las nubes mínimas eran ligeros acentos en las estrofas de un sol exultante. El automóvil arrancaba a la primera y la radio no daba abasto para tantas canciones bonitas. Enero se saltaba las normas de su estación con un excéntrico bien estar. La gente parecía salida de un curso on line en humanidad, sonriendo y mejorando su entorno. Se posponían para otro día las deudas y los noticiarios. El dulce calor del sol abarcaba la plenitud.
Los bichos sentían el celo primaveral y alegremente se buscaban. Los perros cagaban flores, los gatos polen. Bajo aquel sol todo merecía ser mejor.

El día llegaba a su fin antes de hora para quien se levantó con olor a membrillo al comprender que sería el último.
Se fue como se desvanece la ingenuidad: A pleno sol.

viernes, 2 de octubre de 2015

COSTA BLANCA


Recorriendo parajes de limpia luz, desquites de oscuridad, respirando profundamente como quien ahuyenta encarnizados olores luctuosos. Dicen que el movimiento esquiva pesares. Y que el salitre es la mejor receta para los apestados. Tener el mar cerca ayuda a curar cualquier herida de un error cantado. Deslizarse por la costa blanca es tan beneficioso como un blues en medio de una oración. Vivir sin un poco de veneno es soledad inalterable. No ser veloz es rendición. No ser rebelde es dejarse hacer. Y no fracasar es no habérsela jugado. Por estos lares el buen tiempo invita a apostar con todo. Quien no se excede, la vida se encargará de excederse con él, sin miramiento alguno. Las sacudidas son del tamaño de un volcán escupiendo traiciones. Y ahí te quedas, desnudo, desamparado, boqueando como un pez en el suelo al romperse la pecera. En este bendito paraíso, los pescados más indomables viven en el mar, que para eso lo tienen cerca. Y si asoman las branquias al cielo es para reírse de los pescadores con olor a cebo podrido. La costa blanca se hizo a costa de las almas sin luz. Quien no sabe arder, nunca se encendió. Quien no pisa arena no sabe limpiarse. Y quien no ha sabido vivir, difícilmente sabrá morir.

viernes, 25 de septiembre de 2015

VISIONARIO

Pasó por la puerta del hotel que le vería despedirse y sonrió. Faltaban veinte años como veinte soles y sabía que los iba a surcar como un rayo encendido para convertirse en el sol veintiuno. Corría ardiente por la vida como lo hacía el veneno en su sangre. Aun así, le iba a dar tiempo para dar todo lo que tenía.
Supo muy de joven que la vida es un sucio juego en el que siempre se pierde y no estaba dispuesto a dejarse arrastrar por la fatídica resignación. Él sería quien decidiera cuándo y cómo. Soñar con fuerza da alas y cuanto más despierto estaba más cerraba los ojos. Volaba tan rápido que nadie puede decir que lo haya visto. Habló fuerte y nadie le oyó. No huía, perseguía belleza y libertad por entre los escombros. Y al ver sus alas inservibles de tanto agitarlas subió a la azotea del hotel para un último vuelo festivo y cumplir así su antigua sentida premonición. De asfalto eligió su féretro. De vida llenó su muerte.
En los buenos tiempos sudaba buen rocanrol y en los malos también. Cantaba sus canciones como un bello jilguero ronco lacerado. Pintaba con desesperación las veces que se sentía mono en vez de pájaro y, delante del hotel, con una mancha oscura firmó su último cuadro.

viernes, 18 de septiembre de 2015

CONTENTO POR LLEGAR TARDE A CADA UNA DE LAS CITAS

                                                 Ella me subyugó desde el primer día que supe de su existencia. Me salió al paso con prontitud, irresistiblemente sutil. Yo, un inexperto de antología, fui cayendo en sus redes sin saberlo. Aparecía y desaparecía con inteligente misterio dejándome al albur de su extraña atracción y de mi propia incomprensión. Desde muy joven sentía que me faltaban claves para comprender el mundo que me había tocado vivir. Hasta que un día de esos tontos, ella se me apareció en todo su esplendor, rellenando los huecos de mi insatisfecha lógica mental. Se completaba mi visión del asunto sin resolver, al verla tan rechazada por todos como necesaria para mí. Desde entonces fui tras de ella y ella tras de mí. Quedábamos en cualquier sitio, a cualquier hora. Pero, nunca nos vimos. Siempre había alguien que llegaba antes que yo. Y me quedaba triste y pensativo, echando de menos sus delgadas manos, sus labios de piedra y su olor a abandono.
Y una y otra vez, yo llegaba tarde a sus citas. Otros se iban con ella y no negaré que, en alguna ocasión sentí celos. Pero, a estas alturas, quizá por despecho, voy a hacer lo posible para llegar tarde a todas las citas que me queden. Y sobre todo, a la última. Creo poder vivir contento sin el amor de mi vida.