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sábado, 16 de enero de 2016

DIME LO QUE SOY


En la encrucijada, mis mejores galas se convierten en harapos y mis más altos logros en fracasos rotundos que me enrojecen como bofetadas. Tras la ilusión viene lo verdadero que grita y fermenta cualquier atisbo de orgullo. A trompicones malvivo por entre la confusión, cual inconsciente y triste desahuciado que hace planes sin tiempo ni para desbaratarlos. Soñar sin sentir la tierra es un naufragio anunciado para todos menos para uno mismo. Simplemente estoy pidiendo que me digas lo que soy porque, yo estoy ocupado ahogándome, hundiéndome, intentando salir del fango que solo yo produzco.
Ser joven te permite cuestionar el orden, echar culpas, maldecir espejos y revolverte contra lo que consideras injusto, simplemente porque acabas de llegar. Y así se cae en la trampa de creer que nada te incumbe. En realidad es todo lo contrario. Tienes la responsabilidad intacta, preparada para ponerla al servicio de tu indignación, usarla hasta el deterioro, acabar con ella sin esperar recompensa alguna. Lo contrario sería rendición. Desconfía de los desconfiados. Si no sabes lo que eres, pregunta a los demás. Y confía en sus respuestas. Lo de menos es que te engañen. Lo que en realidad importa es que tú no seas como ellos. Dime lo que soy porque estoy en la encrucijada, dime si me queda el tiempo suficiente para corregir algún entuerto antes de evaporarme, dime si valió la pena. Engaños que no acepté de joven, hoy serán remedios.

jueves, 3 de diciembre de 2015

MURO SIN LAMENTOS


Cada uno se tiene a sí mismo con sus vicisitudes, desatinos y carencias. Enfrente los demás. También lo demás y lo de menos con su azarosa temporalidad. Un muro tan alto como nuestras debilidades se va construyendo a golpes de demolición. Cuanto más se intenta traspasar más se fortalece. Allí escribimos nuestra historia, con disparos, furia y temblores. Con la tinta de corazones derramados se dibuja en la seca pared lo doliente que llega a ser el amor roto y usado, aunque cada minúscula sección separada del todo, brilla cegadoramente. Y no estoy hablando de ningún muro de las publicaciones. Hablo del que se llena con nuestros actos, deseos e incapacidades. Es un diario de cemento para adolescentes suicidas, de esos que no pueden ver la vida sin sentir todo su peso sobre su bendita juventud. Y cuando la pared la tienen casi en su totalidad garabateada descubren su sentido al dar un paso atrás y separarse de ella en vez de intentar traspasarla. Entonces ven que ese muro no se hizo para lamentaciones porque han dejado la juventud por el camino de la sabiduría.
Dejémonos de gilipolleces y dejemos bonitas paredes con sus desconchados. Y con lugar para que los que nos sucedan puedan escribir sus iniciales encerradas en un corazón de tiza.




jueves, 19 de noviembre de 2015

ASOMBRARSE


A cada vuelta de esquina nos espera un sobresalto tan sutil como el aleteo de un pedrusco, el pastel de vinagre o la brisa de un huracán. De todos es sabido que la diversión es la hija necesaria del aburrimiento. La inquietud y los temblores son la llama que enciende el amor. Mientras haya ingenuidad habrá asombro. De almas incautas llenos están los mataderos. Se sorprende antes a un inmóvil que a un nervioso. La jugada solo la dan por ganada los perdedores y el que desprecia a los enfermos es el que más enfermo está. Los coherentes son carne de psiquiátrico, no os fieis de sus pétreas convicciones. Más mata un muro que una ensoñación. Más los conservantes que el veneno. Somos sustancia volátil, azar desatado, cumbres de espeleología sin explorar.
Poder asombrarse es no dar nada por sentado aun haciéndolo desde el sofá. Cuando asientas la cabeza también lo hace el corazón. A la vuelta de la esquina nos espera otra esquina más que doblar, tan vieja como la anterior o tan nueva como la próxima.
Y esto es todo, amigos.


jueves, 5 de noviembre de 2015

LA PARTE DE ATRÁS DE TODAS LAS COSAS


Bolas de fuego atravesando intestinos desahuciados tras una digestión difícil debido a una ingesta de dudosa procedencia. Sanguinolentas deposiciones con un obvio hedor natural y milenario. Escombros que cubren escombros. Tumbas necesitadas de psicoanálisis. Polvo cargado de coherente fracaso. Y eternidad maltrecha por falta de medicación.
En la otra orilla florece el pantano, tan capaz de devorar corrupción y honestidad a partes iguales. Nada se le escapa se llame como se llame, apagón o luz, hielo o llama. Para sus adentros remotos va.
Cuando un relámpago reluce en medio de la nada, empieza la tragedia. Y si obstinado es el furor de la vida, más lo es su podrido desenlace.
Desde el origen buscamos la parte de atrás de todas las cosas y, si llegamos a intuirlo apenas, nos da un susto de muerte de tan sencillo que es. Comprender que nada importa es lo más importante. A esa descorazonada desazón se le suele llamar vivir. Cada uno de nosotros le da al tránsito su peculiar razón. Y si eres lo bastante afortunado de sufrir una crisis de lucidez, lo aceptas y te pudres alegre sabiendo que eres una bolita encendida más cruzando el paraíso del intestino de un dios tan irreal como absurdo.