Dicen que la mítica ruta 66 ya no existe y que los ¨rockeros¨ más nostálgicos se plantearon enmarcar un trozo de asfalto para guardarlo en el museo del alma como antes hicieron los alemanes del este con el muro o los seguidores del Athletic de Bilbao con el césped de San Mamés.
En todo viaje hay expectativas y decepciones. Líneas de llegada y callejones sin salida. Tribulación y gozo. Rabia y calma. Accidentes inesperados y dulzona continuidad. Risas de pena y llantos de alegría. Deslizamientos y tropezones. Pérdidas y encuentros. Fatalidad y hermosura.
En todos los viajes hay vivencias enriquecedoras desde el primer paso, menos para quienes lo recorren solo para llegar al último. La mejor canción se disfruta sonando aunque, pareciendo contradictorio, también es de solaz deleite una vez enmudecida rememorarla, siempre y cuando atentamente se escuchó.
Una increíble aventura se desarrolla con la misma intensidad desde Chicago hasta Eleine como desde la plaza Castelar hasta la esquina del guardia siempre que se haga con el corazón. Lo de fuera siempre está adentro.
Dicen que la ruta 66 cayó como el muro o San Mamés. Y no voy a negar evidencias. Pero mientras que este destartalado cuerpo respire, habrá ¨Rock and Roll¨, muro y césped en los alrededores de la plaza Castelar, aunque mi viaje vitalicio se pueda resumir en lo que va de la esquina del guardia al cementerio de Elda o de Petrer.
viernes, 3 de febrero de 2017
CORAZONES TAN VIEJOS QUE SE NIEGAN A MORIR
Se puede amar sin hacer el amor como un par de atletas, tan apasionadamente que, llorar tras los temblores, es obligado. Por el camino se va perdiendo de todo, cabello, dientes, movilidad y belleza si alguna vez se tuvo. Aunque si el vivir cumple su propósito dejándote tirado en plena vejez, no te lamentes, la juventud pasó por ti, y esa maravilla te pertenecerá para siempre. Otra cosa es lo que hayas hecho con ella. Lo gracioso es que no hay más de una oportunidad para dejarla atrás sin pena, agotándola con su uso y abuso, dejando así un bonito cadáver. Aunque, si te mueves al ritmo de tu tiempo, extenderás sutilmente ese milagro. Hasta la desaparición pasará por ti como un dulce sueño. Y creerás hacer el amor con la muerte. Al menos no será ella la única que jode. Nos engañan constantemente. Un corazón viejo y roto está capacitado para amar y enamorar. Unos ojos velados por cataratas pueden ver profundamente casi sin mirar. Ser decadente implica que alguna vez se ha sido deslumbrante. No es una ley fija, pero hay corazones tan viejos, dignos y aguerridos que, se niegan a morir en vida. El trabajo es arduo y al alcance de muy pocos, pero debería ser el modelo para todos. Y simplemente es una sugerencia, faltaría más.
jueves, 26 de enero de 2017
FRUTO MORTAL
En mitad del desierto hay un árbol frondoso que vive como si ya fuera un palo, tan bueno para brasear costillas como para crujirlas. Tiene frutos de húmedo engaño, sobre todo para quien se acerca con el hambre del engreído. El árbol da sombra como laberinto de hielo para quien quiere arrimarse con dudosa intención. Tiene raíces tan hirientes y profundas como el abandono. Es una dirección que indica el final para quien se cree comienzo. Sus ramas son armas para quien quiera columpiarse en ellas. Es la ley del desierto. Es aviso para incautos pedantes.
El árbol es una necesaria justicia poética que golpea realidades, infamia y mediocridad. En sus anillos concéntricos se esconde la savia de un tiempo vengador tan útil como sabio. Los infames leñadores que se proponen tumbar su rectitud se encuentran con un tronco rocoso expulsando lava. Y al salir deshonrados y chamuscados es cuando comprenden que ese arbolito es, únicamente, apto para el suicidio.
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