jueves, 16 de mayo de 2013
PIRAMIDAL
La base de la pirámide se ahonda y ensancha mientras la cúspide se estira afilada hasta clavarse en el culo de un dios indolente, aburrido y anestesiado. Habrá que esperar ayuda y compasión del ángel caído, más cercano a nosotros desde su pozo del infierno que del padre eterno desde el complejo residencial celeste donde holgazanea. Olvidó a sus hijos de tanto hacer vida de soltero.
A falta del papi original bueno es un padrastro como el demonio.
A falta del papi original bueno es un padrastro como el demonio.
Enterrados en la base de la pirámide nos piden más esfuerzo, más conformidad y más entrega. Como si huesos pelados ocultaran músculos. Como si cuencas vacías se negaran a mirar por puro capricho. Como si los hogares desahuciados lo tuvieran bien merecido por ocultar bajo el felpudo deseos e ilusiones por encima de sus posibilidades. No somos hijos de millonarios dilapidando fortunas. No somos un ejército bien uniformado. No somos bebés-anuncio de tiernas sonrisas. Con tejidos harapientos no se hacen desfiles glamourosos. A la cima no llega el hedor. Ni debe llegar.
De pequeño me vendieron unas preferentes. Todas las pirámides se construyen con ilusos. Aunque yo sigo pensando que fui de alta cuna, pero me cambiaron en un descuido. Yo y mi maldita manía de tener buen dormir.
jueves, 9 de mayo de 2013
CORAZONES ROTOS Y RECICLADOS
Amores usados, tirados al contenedor sin bolsas anti-goteo, un domingo por la noche, con el pijama puesto y la conciencia tranquila. Es cuestión de emplazamiento. Si ocupas el lugar del klinex te toca sufrir; si estás limpio de mocos y en cama, te toca soñar placenteramente.
Un basurero le comentó a un desconocido en una charla de bar que cada noche se le partía el alma al recoger corazones rotos en vez de inmundicia. El fulano a quien dirigía sus inquietudes le replicó, no sin cierta retranca, que para ser operario del descombro tenía una sensibilidad de cristal cercana al atildamiento y una percepción errónea. Claro que recogía inmundicia, pero inmundicia enamorada.
Un bote atado a un coche de recién casados se alegra por abollarse de camino al aeropuerto. Al principio los golpes son caricias si forman parte de una ilusión. Ilusión que al final inexorablemente se fractura, liberando todo el dolor que desde el principio allí estuvo. Los cardenales atestiguan la púrpura ingenuidad.
Un anciano de corazón mil veces partido y reciclado ríe a carcajadas enseñando la carne de dientes huidos al paso del camión de la basura.
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