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jueves, 30 de abril de 2015

CONDENADO A MI CONDICIÓN


A las vecinas les pregunto cómo me ven. Algunas responden que soy una mezcla de atún y hiel, otras dicen que no saben. Pero la mayoría calla y yo leo de refilón sus pensares. Están indecisas entre verme como un perfecto infeliz o como un lívido cadáver. Quien calla otorga. Si nunca les cuento un chiste, nunca apreciarán mi sentido del rumor. Es difícil ganarse el respeto cuando uno mismo no se estima. Me encierro en casa para no molestar. Y encuentro mil pequeñas molestias a poco que limpie cualquier habitación. El sofá adquiere formato de ataúd cuando extiendo mis huesos en él. La plancha se desliza por mi vestuario sin haberme visto jamás. Pero la cafetera actúa con lentitud porque sabe que me encanta pasar el rato en el retrete. Mis calzoncillos tienen una hipótesis la cual comparto a regañadientes y es que tener testículos resta inteligencia. Por tanto, nunca seré inteligente en esta condición. Entonces, ¿para qué preguntar?

jueves, 16 de abril de 2015

EL AMOR EMPIEZA EN UNO MISMO


El aprendizaje en el amor empieza en uno mismo. Si construyes amores sobre tu odio, tienes un problema. Mírate al espejo y si lo que ves no te gusta, ponte manos a la obra y, con humildad, haz mejoras. Sonríe más de lo que te pide el cuerpo, reflexiona sobre lo que esperan de ti y actúa. Esto no significa ser servil, simplemente lanza generosa alegría alrededor. No ames por unas míseras monedas, hazlo por lo que vale un sentido gemido. No escupas al aire, lo más probable es que al caer empañe tus pestañas con el rocío que producen los estúpidos. No me malinterpretes, esto no quiere ser un jodido sermón, solo es pensar en voz alta sobre mis propios desatinos. Cuando te crees mejor que cualquiera, empieza el desastre. Cuando no sientes la necesidad de nadie, te vas a hartar de ti mismo. Y cuando te ves con fuerzas para derrotar a cualquier débil, el que caerá en la lona serás tú. Yo no he necesitado a nadie para pudrirme. Solo Dios se basta a sí mismo y no albergo duda alguna en que, hasta para Él, tanta melancólica prepotencia es una pesada carga.
Amarte a ti mismo es una primigenia necesidad. Otros se encargarán de llenarte de desprecio. No hagas el trabajo de otros.
En el mismo instante en que empieces a quererte, entrarás en el club de los deseados.
Y estarás en disposición de ser querido.

miércoles, 1 de abril de 2015

APUNTANDO AL INFINITO


¿Nunca has apuntado al infinito sin miedo a perderte en él?
Pletórico de candidez, bisoño y ridículo se patina sin remedio. Aunque peor es no tomar riesgos y dejar que te sepulte la duda en vez de la vergüenza.
¿Nunca has saltado sin paracaídas?
Vale, buscas la cueva más profunda si los mofletes del culo reciben un golpe del demonio al fracasar estrepitosamente... Pero, ¿y si caen en un mullido sillón?
Bien, vayamos a la historia sin inútiles requiebros:
Varios fines de semana en la misma discoteca, con la misma compañía. Todo agradable, casi divertido. Y una cosa lleva a la otra, siempre que no dejes por el camino las entendederas, la cosa y sobre todo a la otra. Pasado de frenada, se disimula y punto patético. Y cuando crees que el grado de risión toca techo, resulta que tras el cielorraso hay una cámara llena de jamones secándose. El último gag patrocinó el último día. Largo como un duodeno.
A mediodía se mascaba la tragedia en la tienda de discos, al comprar el casete recién publicado del grupo más cool, guardado en el bolsillo con celo hasta la hora de la entrega, como quien guarda la llave universal que abre cimas. Y simas.
Por fin cae la tarde en la misma disco de siempre, con la misma compañía. Todo agradable, aunque un poco tenso. El plástico que envuelve la casete tiene vaho de tanto baile nervioso. Llega la novedad que incluye un acompañamiento extendido hasta la casa de la otra. La torpeza se consuma en un beso que nadie hubiera querido recordar. Aunque cada vez que suena la canción, alguien tiene la tranquilidad que da haber apuntado alguna vez al infinito. Con un par.