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jueves, 17 de marzo de 2011

ESCAPAR AL DAÑO

Hay quien vive con un puñal clavado. La costumbre le atenúa el dolor y entonces el metal es el tallo de una flor con las raíces derramadas en lo más profundo del pecho. Pero es molesto arrastrar la pena encendida, oculta, extensa. Y desea repararla sabiendo que carece del remedio.

Hay quien solo puede sentir placer huyendo del daño.

Sus manos tienen huesos desnudos por dedos de tanto frotar la herida. Igual como un rodillo de lija decapa la pintura vieja de un mueble inservible.

Necesita huir del daño para sentir algo parecido al placer.

Un camino retorcido y angosto está por recorrer. Y lo recorre para escapar, aunque a cada paso el puñal entra más y más en la carne, en las letras de su nombre. Nota una ligera punción en su espalda. Acaba de traspasarle y no mira atrás, sigue adelante, huyendo. Y no es cobarde quien se ausenta buscando jardines donde sólo hay sepulturas.

HERMOSO MUNDO DESTRUIDO

Una nube tóxica envuelve el planeta como un papel de regalo. Colores fosforescentes hacen del cielo un bello paisaje infernal. Dios nos dejó hace tiempo y sus apóstoles deambulan por la tierra como perros sin dueño. Los ángeles tienen las alas rotas desde que perdieron las elecciones del sufragio universal y se esconden por entre las dunas del desierto, asustados y temblorosos como lagartijas huérfanas. Ya no vuelan, escarban fosas. Mefistófeles veranea en las cálidas costas mediterráneas. Toma un martini seco en uno de los chiringuitos que ha abierto por un traspaso de risa. No todo está perdido. Jesucristo ha vuelto a reencarnarse para intentar salvar a la vencida humanidad, cual superhéroe solitario. Le toca comerse el marrón al mismo de siempre. Tiene horribles cicatrices de la anterior salvación, pero nadie duda de que hará lo que esté en su mano. No todo está perdido si su paciencia no quedó hace siglos agotada.

viernes, 11 de marzo de 2011

SOL Y BESOS

Hace bueno y anoche me porté adecuadamente. Pongo una casete y subo todas las persianas, llenando la casa de luz y punk-rock de los ochenta. Un bailecito en pijama siempre alegra y desentumece. Hace tiempo que abandoné el pitillo con el café, ahora solo me lo permito para cuando todo está permitido.

Hace bueno y al cruzarme con mi chica por el vestíbulo le robo un beso. Siempre pensé que no hay que dejar de hacer lo que es necesario, aunque sea la mil millonésima vez que se haga. Probablemente así se produce la sorpresa. Me gusta aburrir a besos.

Hoy no me voy a lavar la cara. Cada día una ilusión, una decisión valiente, como si fuera la última. Mi cara no se lo esperaba. Esbozo una sonrisa ante el espejo y me cuco el ojo.

El sol entra a borbotones y me visto dejando que nutra mi piel de falso vampiro. Falso porque a pesar de que el solecico me baña, no me convierto en polvo.

Desayunando hago planes. Por ejemplo se me hace la boca agua pensando en ver una película guarramente gore. Me encanta la sangre, pero solo en el cine. De veras me da repelús. Soy flojico, ya lo decía Felipe.

Hace bueno, aunque el cielo está rebolicao y hace un frío que pela. Y vuelvo a la realidad. No hay sol, ni se le espera, pero hay algo que hace todo bueno: ¡Ella!


CREMA HELADA


Ser abandonado deja en la boca más perfecta un regusto a crema helada. Lo bueno es que queda sabor aun cuando nunca se probó realmente. La carencia no siempre es pérdida. Se puede perder lo que se tuvo y se puede carecer de lo que nunca se tuvo, pero no es posible extraviar lo no pertenecido y sentir la falta.
En cierta ocasión, una semana perdió el lunes. Nadie le echó de menos.
Un hombre dejó caer su orgullo. Se comentó que fue por desgana.
Una factura quedó sin saldar por no saber a quien dirigirse. A nadie le dio pena.
Un alma no encontró un cuerpo. Bien, es tan común ver humanos sin eso que ya nadie se escandaliza.
Una sombra desorientada no supo a quien pertenecía. Quedó solica la pobre y pensó en lo listos que son los organizadores de festivales al poner pulseras a todo quisqui. Lo bueno de pertenecer es que eliminas la ansiedad. Aunque ello signifique no pertenecerte a ti mismo.
Todos hemos saboreado alguna vez el regusto a crema helada.