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lunes, 18 de abril de 2011

FANGO Y ROCA

Cuando he perdido el hilo necesito creer que me queda la aguja.

Cuando he metido la pata necesito creer que el camal sigue ahí.

Cuando he perdido la pista sería agradable saber que sólo es la de baile.

Soy de cristal y cuando me rompo me gustaría no ser un espejo.

Estoy hecho de acordes rotos, frágiles y malsonantes. Pero si sueno para alguien, me consuelo.

Es de noche porque el día se escapó.

Cuando miento necesito creer que me queda la verdad.

El negro es mi color, pero siempre busqué estrellas.

No encuentro el cielo en mí, pero está en ella.

Ella es el hilo, la pierna, la danza, el reflejo, la canción perfecta, la mañana, lo cierto, la galaxia que me golpea todas y cada una de las noches.

Soy de arena y agua, o lo que es lo mismo: soy barro. Pero cerca de ella soy estatua de la más dura piedra.

Cuando pienso en la suerte que he tenido, no me lo creo.

Perdeos toda la noche para que alguien os encuentre.


EL FINAL DEBERÍA ESPERAR

La ruta no se dirige, se establece de antemano.

Si has nacido debes morir.

El camino tortuoso reclama pasos torcidos y las almas caen por la pendiente del dolor.

No reclames tus derechos, te serán denegados.

Lo inevitable no se esquiva, se determina.

Si despiertas debes haber dormido.

Hay quien hace autoestop en carreteras secundarias, mientras los vehículos pasan ignorando el pulgar en alto.

El caos no se ordena, se sufre.

Avanzar es agotar el tiempo disponible.

Hay quien cree que será más de lo que es.

Los rayos de una tormenta descansarán en las raíces de un ciprés plantado a la entrada de un cementerio.

Mientras tanto, los nacientes combatimos a los moribundos que seremos con la delgada esperanza de alargar el final, meses, días, horas, segundos.

Es una mierda quedar en nada.

El final no se detiene, pero debería esperar.

jueves, 14 de abril de 2011

¿DÓNDE ESTÁ MI CABEZA?

Como un zombi sin cabeza deambulo.

Como un fino estilista diseño sombreros que jamás usaré.

Al menos el champú me lo ahorro.

No tengo mocos, tengo sudores.

Discurro con la nuez y pienso con el corazón, cosa que resulta en un alto porcentaje desastroso.

Hago planes con los pulmones que siempre quedan en humo.

La memoria la tengo en los huevos y quizá por ello soy tan olvidadizo aunque resulta una característica muy excitante, vamos que me pongo cuando intento recordar algo, lo que sea. No todos pueden decir lo mismo.

Razono con y como el culo, asunto lógico ya que carezco de trasero por su extraña capacidad de no desarrollarse desde bebé. Sigue igual, de bebé, con los carrillos huecos al extraerle el centro con una pala de helado para hacer un cucurucho doble.

La imaginación se reparte por igual en los pies. Dicen que se me cayó.

El día menos pensado buscaré mi cabeza. ¿Alguien la ha visto? Sería fantástico que toda la gente de mi calle se juntara para peinar el barrio.

No puedo dar recompensa económica, pero si alguien la encuentra prometo darle un beso tan bueno que parecerá el primero. Al menos para mí.

ÁTOMOS SOLITARIOS O FELICES MUTANTES

Desde la cuna a la placa de mármol hay una lucha que nos llama a filas a tod@s: vencer la soledad.

Es una guerra donde nadie puede alegar objeción de conciencia. Se libra y punto, quieras o no. A contra reloj. En un tiempo limitado: el descrito en la primera frase.

Es tan simple que asusta.

Los creyentes en la reencarnación pueden darle la vuelta al reloj de arena las veces que quieran, pero simplemente se remueven en la tierra como albóndigas negras, pasadas, inservibles para comer.

La batalla es posible ganarla aunque a un alto precio: dejando la piel de tu egoísmo por el camino. Al final podrás estar despellejado y sin aliento, pero acompañado.

Los últimos acontecimientos atómicos me han dado una idea para ahorrarle a mis hijos esta cruenta pelea: Hacer un viaje familiar por los parques temáticos de Fukushima y Chernóbil, tras lo cual le saldrán dos cabezas a cada uno de ellos, para que nunca se sientan solos desde las cunas a las placas de mármol con fotos dobles.

Me encanta hacer de la necesidad virtud. Así de simple.