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viernes, 9 de septiembre de 2011

CRECER PARA QUE OCURRA

Una suave caricia con un puño de hierro, un golpe feroz con una palabra apenas susurrada.

Un falso testimonio para que espabiles, una verdad cruda para que te adormezcas.

Un sueño con visos de realidad, una materia objetiva como un narcótico.

Creciendo por entre promesas rotas y esperanzas estampadas en un callejón sin salida.

Cruces de caminos con señales de la uña del diablo indicando el menos conveniente.

La juventud se evapora aunque se encierre en un búnker forrado de carteles de Peter Pan.

Las flores más bellas antes se marchitan.

Las oportunidades se pillan con céntimos de alegría.

Los besos se cuentan por el número de los que no se dieron.

El mejor virus es recibir un abrazo aunque el riesgo no haya merecido la pena.

Si creces confiando en tu corazón libre de impurezas, nada te hará daño.

Podrán arañarlo, romperlo incluso, pero no sabrán que los latidos dados con el alma son materia de otro mundo y no están al alcance de nadie.

REUNIDOS

Un viento apacible recorre las lápidas en un camposanto lleno de despedidas que contienen a partes iguales tanto "Hasta prontos" como "Hasta nuncas".

Nuestra cultura funeraria es de caja y tapia, pero eso ahora está cambiando. Sea por la crisis, por el desapego a la tierra o por simple sentido común y utilitario, vienen tiempos de fuego y urnas sobre baldas vacías de libros de las estanterías del salón.

Me da pena intuir que los cementerios desaparecerán. Me gustan. Lo digo en serio, pasear por ellos me hace sentir vivo. Si me encargaran escribir guías turísticas sería la primera sugerencia que haría, por la belleza de su silencio, de las flores y de lo que supone acabar todos juntos a pesar de las pasadas diferencias y rencillas. Juntitos y en armonía. ¡Qué bien!, con lo cabrones que hemos sido.

Estancados. Libres de piel, carne y fluidos perecederos. Algunos con foto en su ficha, posando para la posteridad, intentando parecer humanos inofensivos, felices.

Intentando con una media sonrisa olvidar lo mediocres, defectuosos y amargados que fuimos.

viernes, 2 de septiembre de 2011

OUTSIDE SOCIETY


"Las cosas que vemos son las mismas cosas que llevamos en nosotros.

No hay más realidad que la que tenemos dentro.

Por eso la mayoría de los seres humanos viven tan irrealmente; porque cree que las imágenes exteriores son la realidad y no permiten a su propio mundo interior manifestarse.

Se puede ser muy feliz así, pero cuando se conoce lo otro, ya no se puede elegir el camino de la mayoría."



Texto de Pepa Ruiz



viernes, 5 de agosto de 2011

DE PUEBLO

Comunidades pequeñas pueden ser el mejor antídoto para la soledad, la tristeza o el desarraigo. No lo garantizan, pero estar, está.

Si tu suerte no es del todo torcida sentirás una dulce añoranza al tiempo de haber abandonado aquel trozo de tierra de infancia detenida, de viejas fotos donde tú sales, de haber pertenecido a algún lugar.

En el pueblo queda lo vivido como un álbum familiar que nunca se pierde. Y ya digo que no es así para todos, pero sí para una mayoría razonable. Como cuando aprendes a hacer un pastel, seguramente la mayoría de las veces saldrá bien.

En mi humilde opinión los pueblos sirven si sales de ellos en cuanto sea posible, para que la medicina no se convierta en herida.

Y me refiero a cuando todavía no sabes quién coño eres, cuando la curiosidad es acné en tu cara y la pureza todavía no ha muerto en ti.

Aunque nunca regreses al lugar de partida, ese sitio mítico o real siempre te dará equilibrio y calma, como cuando sabes que tienes el botiquín pletórico de tiritas, vendas y aguas oxigenadas.

Hay que gestionar el orgullo y el odio a tu pueblo con tacto exquisito: el orgullo hacia fuera y el odio pa dentro. Sensatez y espíritu crítico.

Soy de pueblo. Y orgulloso estoy de serlo, ¡rediez!