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viernes, 14 de octubre de 2011

BARROTES Y VENENO

Caminando furioso por calles emponzoñadas con oxígeno maduro de perpetuas exhalaciones. Con el corazón podrido de veneno. Con las manos preparadas para el engaño, la trampa, el hurto y la degollina. La fila de incautos se incrementa al ritmo del deseo acuciante del mal que camina sobre brasas haciéndolas crujir.

El frío metal del pecho, con costillas como barrotes, oculta un latido tóxico y profundo. Su rastro de azufre impregna cada recoveco, cada gránulo, cada partícula, cada desaparición cruzando el azul extremo.

Un mendigo arrodillado pide monedas para perfeccionar la ruina, vino de brik para disolver los sentidos y una cuchilla oxidada para completar la descomposición. El caminante pasa a su lado sin prestar atención. Sabe que no necesita esforzarse, que sin su intervención todo seguirá el curso debido.

El resto del recorrido es igual de fértil.

Una chica apenas adolescente se asoma al mundo a través de la ventana de un séptimo piso. Un hombre enfermo de odio trama liberarlo, no necesita ayuda, se bastará a sí mismo. Una ambición hecha de carne y hielo se arrastra por el siguiente sórdido callejón buscando despojos.

Una lluvia desatada, inflama de agujas el cielo que al caer precipitadamente se clavan en nuestros corazones derramando veneno en vez de sangre.

El caminante se evapora como una sombra, triste y fracasada, porque simplemente ha sido un inútil espectro fruto de la locura.

De nuestra locura encerrada entre barrotes y veneno.


jueves, 6 de octubre de 2011

LA MEJOR SITUACIÓN

La mejor situación es estar listo y agazapado esperando la oportunidad. Si se presenta hay que saltar, morderla, seducirla y atraparla con descaro, sin dudas ni temblores. Si no se hace visible, pues sigues inmóvil pero tenso y preparado, como una iguana hambrienta en una habitación recién rociada de insecticida. En algún momento el veneno dejará de surtir efecto.

Es posible que pase todo el tiempo de tu vida sin haberte echado ni una miga a la boca, pero habrás muerto dignamente, con la conciencia tranquila al haber hecho todo lo que estaba en tu mano de lagarto.

Antes me movía más que un cangrejo con anfetaminas, pero ahora me acoplo en el río de mi sofá y espero más quieto que mi cuenta corriente hasta que por una extraña suerte pasa por delante de mí la mujer que habita mi casa, y salto como un resorte para agarrarla con mis pinzas y decirle: ¡Hola!, ¿cómo te ha ido el día?. Y vuelvo a mi ataúd de cuatro patas, madera y tela.

La mejor situación es la que tú quieras que sea.

A veces se tarda una vida entera en descubrir la mejor situación.

Si yo creo haberla encontrado siendo más negao que un pespunte sin hilo, ¿qué puede impedir que tú encuentres la situación perfecta?

SOLAMENTE AZUL

Un azul creciendo en paredes que rodean como tela translúcida

granulada, que forman una habitación donde hace frío siempre. Una habitación construida en un nombre de mujer y habitada por una mujer que no sabe cómo se llama – “hay un azul – hay una habitación hecha del nombre de una mujer, hay una mujer que no sabe cómo el ojo pulsa la tecla que escribe.


Y hace frío en esa habitación, frío pelado de descripciones para la mujer que nace poco a poco en el ojo, que se deja ver a través del ligero azul que oscurece, que se enmalva de su propio nombre secreto que la habitante de la habitación no conoce...

mientras el azul sigue más adentro,

en esa habitación que se va haciendo cada vez más y más, en esa habitación que se opaca,donde hace frío siempre.

Y hay una mujer. Y no puede describir el azul del que está hecha porque no lo sabe .


Cada vez cada vez más negro el azul de la habitación que cunde del nombre de esa mujer, donde hay una mujer que no sabe cómo se llama.... Y hace frío.


Texto de Pepa Ruiz

viernes, 30 de septiembre de 2011

¿HACEMOS NADA?

Aun cuando no parece que se haga nada, puede hacerse todo.

Es viernes por la tarde. Llueve ligeramente. Mi nariz está pegada al cristal humedecido y la respiración es perezosa, incapaz de forzar un vaho, de mostrar interés, de ser apenas vital.

Nada de lo que había que hacerse se ha hecho y no parece importarme. Afuera el mundo estalla impregnado de necesaria actividad y no me importa.

Mi cerebro está detenido bajo el peso de una inmensa apatía. Anestesiado por continuas olas de contemplación cerceno el yugo de la responsabilidad y resbalo dulcemente por el tobogán del deshielo.

Borrar ocasionalmente las cargas viene bien para seguir soportándolas.

En la calle circula gente que nunca se ha detenido y su dirección hacia el barranco es inevitable. La veo caer gesticulando e imagino que saludan alegremente. Quizá me pasa porque no recuerdo otra posición que la que ocupo en el vacío y al no hacer nada parezco suspendido.

Aun cuando el empuje leñoso de mi árbol cortado me lleve al suelo, no podrá desvalijar mi ilusión de seguir manteniéndome enhiesto por no haber hecho nada para evitarlo.