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jueves, 19 de enero de 2012

APARTANDO LUNES, MARTES, MIÉRCOLES Y JUEVES

Sobrevivir a un lunes mortecino es el triunfo del martes que queda a los pies del miércoles puritano y olvidado por un jueves de saliva húmeda, preámbulo de la verdadera comilona llamada viernes. Día de la semana irreverente, pícaro y untuoso; donde explota enamorada la materia perfecta.

Fue un viernes de abril cuando los amantes dieron un golpe de estado, cuando la apatía resbaló por el desagüe, cuando el peso de la zozobra fue más frugal.

Gin-tónic de fresas, aroma de cigarrillos de contrabando, sustancias mal vistas de precio caro y gestos felices tan puros como las estrellas cercanas.

De oro el brillo del sudor de bailarines intoxicados, de hierro plateado los pezones ocultos en un mar de abrazos, de fiebre azul los latidos más desesperados y de lija abrasiva los ojos en blanco por el placer.

El sábado no tiene opciones, ha perdido su dominio en Internet. Se conforma siendo un apéndice del viernes. Tiene elección al estar entre el principio y el final: ¿Viernes o domingo? Al fin y al cabo la cabra siempre tira al monte. No seré yo quien le juzgue.

Sobrevivir a un viernes significa que podrás apartar con empujones de deseo al próximo lunes, al martes, al miércoles y al jueves. Tengo una rara salivación...


jueves, 12 de enero de 2012

DESMORONARSE CON FORTALEZA

El pintalabios le dejaba un sabor caduco, algo parecido a su vestido más usado. Su espejo la clonaba con tristeza como sus antiguas fotos de sonrisa forzada, pero ella aguantaba con fragilidad rocosa al enfrentarse a cada pequeña cotidianidad, a cada latido involuntario; a cada bloque de tiempo aplastante.

Tenía amuletos balsámicos que la ayudaban a pisar el vacío, como esos zapatos rojos de tacones altos y finos. Aunque, cuando la emoción del viaje se ha perdido, nada sirve.

Arrostrarse a sí misma no era fácil. Darse por vencida, tampoco. Su estructura interna era de diamante y la falta de ánimo no era suficiente para cerrar el negocio.

Se desmoronaba con elegancia y decoro. Sin lamentos, flaqueza o autocompasión.

Seguía de pie en un mundo arrodillado, sin motivos para esa engañosa altanería, pero dando una lección de integridad en medio de la abyección más vergonzante.

Hacía de su caída un modelo incontestable de cómo se debe naufragar sin convertirse en falsa arqueología en lo más profundo del mar común.


martes, 3 de enero de 2012

NO TEMAS AL DOLOR

La gente tiene miedo de sí mismos, de su propia realidad, sus sentimientos por encima de todo.

La gente habla de cómo el amor es grande, pero eso es mentira. El amor duele. Los sentimientos son inquietantes. Las personas se les enseña que el dolor es malo y peligroso.

¿Cómo pueden lidiar con el amor, si tienes miedo a sentir? El dolor tiene el propósito de despertar.

La gente trata de ocultar su dolor. Pero están equivocados.

El dolor es algo para llevar, como una radio.

Se siente su fuerza en la experiencia del dolor. Todo está en cómo llevarlo. Eso es lo que importa.

El dolor es un sentimiento. Tus sentimientos son una parte de ti. Tu propia realidad. Si te sientes avergonzado de ellos, y los escondes, estás dejando que la sociedad destruya tu realidad. Debes defender tu derecho a sentir tu dolor, conoce tus emociones, no tengas miedo de sentir, de ser amado y de amar.


Texto de Pepa Ruiz

viernes, 23 de diciembre de 2011

PUERTA DE ENTRADA

El aeropuerto acumulaba expectación, besos latentes y silencio apenas roto por aviones despegando que nadie parecía oír. La atención estaba en las llegadas.

Pablo y varias personas más esperaban la vuelta de sus familiares respectivos. Extraños esperando conocidos. Había un niño de pelo alborotado deseando abrazar a su padre y no soltarlo en toda la semana de navidad que iba a durar la visita. Había una chica con los labios hinchados cual tarjeta de débito donde se depositan los besos a cuenta. En un aparte se encontraba un hombre de los que se visten para pasar desapercibido. Esperaba a su mula. Cerca de Pablo, una familia risueña esperaba al hijo estudiante con beca en el extranjero, aunque en realidad venía agotando los recursos en otros menesteres desde el primer curso. Tras Pablo había un hombrecito de flor en solapa esperando a otro igual gracias a una cita a ciegas por Internet.

Todos estiraron el cuello al ver acercarse el avión de los deseos. Tras un momento de confusión estalló la algarabía. El niño saltó a los brazos de su padre con la fuerza de los muelles del corazón. La chica fundió la tarjeta derrochando su contenido. El hombre inadvertido recogió una maleta de un joven sudoroso. La familia rodeó al futuro licenciado con un candor apabullante. Las flores hicieron un ramo.

Y el aeropuerto quedó en soledad apenas rota por Pablo.