No hay límites para el deseo bajo el manto de la locura. El periodo de crecimiento no debe detenerse bajo ningún concepto. La velocidad debe incrementarse aunque el tiempo se acabe. Tras el golpe llega el dolor. Tras el gasto llega la deuda. Lo importante es no parar. Subir y subir alimentando civilizaciones enfermas de satisfacción. En un barrio humilde ya no cuecen habas. En un mundo al borde de la disolución el hambre ha pasado de moda. En un mundo de prisas ha nacido una niña embarazada. A la información no le da tiempo a propagarse. Y la vanidad padece obesidad mórbida. Pero no es época de análisis. Se trata de correr para que la realidad no te pille. Hasta la muerte parece haber perdido el ritmo. Dicen que está bajo tratamiento psiquiátrico de tanto recoger vivos sin vida. De tanto recibir viejos manipulados por clínicas desaprensivas que prometen juventud vigorosa donde solo hay cansancio. El horizonte está plagado de vendedores de fe. Todo es posible si se insiste. La ilusión engendra y destruye a la vez. El motor de los sueños es la necesidad. Y lo posible jalea desde los márgenes.
Fórmula compuesta de música y lectura que busca poner la piel de pollo. Con la música seleccionada debería bastar, pero debo juntar palabras de mi magín por hacer algo. Gracias por la visita.
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jueves, 7 de marzo de 2013
jueves, 28 de febrero de 2013
SUEÑOS MOVIDOS
Recordar sueños agitados preocupa. Vivirlos, ocupa.
Sentir la vorágine del mundo en una panadería, asusta. Comer el pan, alimenta.
El infierno fluctúa entre un horno de pizzas y un crematorio, para seguir nutriendo y atemorizando al personal. El tiempo correcto de cocción produce apetencias, mas el fuego excesivo las carboniza.
Arden nubes por vientos del sur que al enfriarse caen como barrotes afilados para esclavizar la tierra. Los sueños movidos acaban en inquietantes pesadillas.
Filmar sin pulso firme agita los guiones de las películas más lentas y aburridas, sin conseguir que dejen de serlas. El fracaso y la frustración revolotea con ahínco sobre todo plan de éxito. Persecución y alcance. Semilla y fruto. Carrera eterna.
Buscar es moverse, como encontrar es morir.
Una competición hacia el cementerio, anima cualquier reunión falta de chispa. Llevar el dorsal número uno, no asegura victorias. Se trata de correr y correr sin motivo como alma que lleva el diablo.
A sueños veloces no les atrapan vigilias.
jueves, 21 de febrero de 2013
PREFERENCIAS
Por el camino quedan boletos arrugados sin premio. Deudas sin saldar. Feas acciones de propósito dudoso. Horas rellenas de minutos amargados que desprecian a sus segundos porque, esos minutos de envidia enconada, jamás serán horas. Al menos la tirria entretiene, haciendo liviano el paso del tiempo. Mejor enfermar con veneno que aburrirse. Mejor tocar timbres y salir corriendo con risas que esperar que alguien te llame y quedarte con las ganas, inmóvil en el sofá, mientras tus lágrimas cambian de canal aleatoriamente al caer sobre el mando.
Se prefiere la solitaria felicidad del dominio al jolgorio de la triste empatía.
La burla necesita pardillos tanto como la muerte necesita vidas.
En cualquier juego hay jugadores. En cualquier noche hay estrellas, aunque las nubes lo nieguen al ponerse delante y pícaramente se muevan con la argucia de un prestidigitador consumado.
Los personajes están para elegirlos. Alcanzar las preferencias no está al alcance de manos indolentes, pusilánimes o dirigibles.
En el arcén quedan los desprestigiados indecisos como boletos arrugados sin premio. A no ser que lo hayan preferido así. Entonces sus minutos serán horas.
El deseo cumplido se oculta tras las nubes, en cualquier estrella venenosa de la galaxia que prefieras.
jueves, 14 de febrero de 2013
BOLSAS DE PLÁSTICO
Un solitario caminante discurre por la ciudad fermentada. Está tan oscuro que sería una obviedad hacer inquisitivas preguntas sobre la crisis de luz siendo tan real la noche como el apagón. Apenas se distingue su figura contrahecha más allá de un postrer suspiro en la planta de un hospital para cadáveres sin derecho a un último telediario. El poroso caminante tiene la dirección tan resoluta como esquiva. De sus sarmentosas manos cuelgan bolsas de plástico enmudecido. Va con prisas, va con lentitud, aleatoriamente. Lleva las bolsas de un sitio para otro sin que en su rastro se adivine si le esperan o le buscan. En el dudoso contenido aguardan a partes iguales respuestas y preguntas. Se ha parado en una esquina con la intención de encender un cigarro suelto para dar cuenta de él, si sus pulmones le hacen sitio en el atasco. Se oye una tos abandonada en medio del silencioso enjambre. Hace un frío demoledor. Se detiene para tomar su medicina y un oleaje ya gastado le recuerda a duras penas el calor que deben tener los vivos. Mas cuando el viaje parece tocar a su fin, sus ojos con alfileres supuran bolitas de sangre coagulada como mercurio extendido, dejándole tirado en la calle huérfano de conciencia junto a unas bolsas de plástico vacías.
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