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jueves, 4 de abril de 2013

UN DÍA AL AZAR



Entré a un bar con la intención de leer el periódico del día. Lo tenía alguien que por su provecta edad leía la actualidad como si fuera el horóscopo. Mientras el futuro le esperaba sin cogerle, yo salía desinformado. Fui al cine con la esperanza de ver algo interesante. La cartelera me escupió con su anodina propuesta. En el puesto de la ONCE vendían cupones premiados hacía tres meses. Una viuda corría por medio de la calle vestida de novia y los coches frenaban a su paso como si no supieran decidirse por tocar el claxon o, en silencio, dirigirse al cementerio. Un transeúnte llevaba un paraguas invertido para recoger la lluvia. Fui a un parque público y no me permitieron el paso. Quieto me quedé. 
La tarde no daba para más. Fui a casa. Conté los peldaños falsos que hay en la escalera. Eran todos. En mi portal, justo antes de meter la llave en la puerta siempre oía risas. Siempre hice oídos sordos. Ese día entré en una casa que no era la mía. Lo supe porque tenía en el recibidor una carta abierta del banco. Puse la televisión para ver las noticias. No entendía nada. Dieron la previsión del tiempo como si fuera el horóscopo. Los acuario tendrían lluvia. Los leo, sol. Me alegré de haber nacido en julio. 

jueves, 28 de marzo de 2013

MERLUZA



Estoy cocinando merluza para ti. Falta poco, algo así como una eternidad. Lejos está el sabor, el aroma, la satisfacción. A favor tengo los ingredientes, en contra el chef. Me equivoco de especias, de cubiertos y de mantel. El exceso de picante colaborará a que te excedas en la bebida. Menú engañoso para translucir mi fealdad. El cocinero tiene armas para seducir si el vino es abundante, los chistes malos y la cama limpia. El pescado perfuma el asedio, la salsa ayuda en el baile, el gorro oculta una frente más que despejada. Tras los vapores se empañan los defectos que transmutan en virtud. Tras el amanecer llegarán las risas, espero.
Para enamorar todo vale. Lo aprendí de los magos más ingeniosos. La ilusión vive en los ases que quedan por salir.
La gastronomía es mejor que mil palabras. Te dejas timar. Te ríes al pensar que un merluzo ha pasado el día preparando una merluza para ti.

Por muy buen cocinero que seas, no te engañes, el menú siempre lo eligen ellas.


jueves, 21 de marzo de 2013

REHABILITACIONES



Atrevimiento en la restitución. Sin pasarse. En el desván no te ve nadie, a no ser que en tu cabeza tengas un patio de vecinos. Yo solo tengo un trastero y esa es mi ventaja. Me pierde ir como un loco tras la emoción, por efímera que sea.
Un simple fideo puede conducirte a un cocido. Un perfume enterrado en tu memoria es una máquina del tiempo en ralentí dispuesta para moverse si encuentra un espejo. Un acorde mal dado puede sugerir una sinfonía. Palabras harapientas han desfilado por los mejores libros. Hay ocasiones en las que un beso detiene el mundo. Lo petrifica.  
Si quieres saber si has comido, mira tu mierda.
La rehabilitación es una costumbre saludable. 
Ayuda revisar nuestra huella. 
Lo desechado es tan valioso como lo elegido. Aunque hay reglas. Y no son universales.
Tras el error llega la culpa o la exculpación, tan humanas ellas.
Vivir es acumular elecciones y rechazos. Lo elegido te deposita en el lugar que ahora ocupas. Lo rechazado, también. 
No me desprecies si me ves hurgando en contenedores. Puede que tan solo esté en un periodo transitorio de rehabilitación.



jueves, 14 de marzo de 2013

RAZONES PARA VIVIR


Mi sitio estuvo ocupado por infinidad de almas de mejor carácter, de mejor utilidad, de mejor belleza.
Antes de mi llegada ya se cruzó la meta, ya se cubrió el cielo de altruismo, ya fue lo que tenía que ser.
La huella de los muertos no será superada por lo que aporte mi insectívora vida.
El listón está tan alto que ni lo veo.
El sufrimiento padecido por los ausentes ha sido tan extremo que mis hombros no soportan el crucero de lujo en el que me deslizo. No se puede vivir pidiendo constantemente perdón por ello. 
Avergonzado ingiero un plato de arroz y lentejas. Avergonzado sacio mi sed. Avergonzado reclamo respeto y amor. 
No sé donde meterme para que el rayo no me parta. Para que la mirada del altísimo no pierda el tiempo en objetos malogrados, por muy suyos que sean. Él también se equivoca. Negarme no le exime del error. Yo soy la prueba. Cinco décadas tocándole las pelotas, suavemente eso si. Y no es mi intención amargar a quien ha acertado en todo lo demás; a quien me ha dado razones para vivir, poniendo a mi lado a héroes y heroínas capaces de quererme.