viernes, 29 de noviembre de 2013
PELOTAS EN LOS TEJADOS (Dedicado a Ángel)
En la barriada se juegan partidos con pelotas sin homologación. Las porterías son pedruscos sin red que se montan tras el calentamiento con las piedras que quedan libres de pelo y sangre. Las bajas por lesión se reponen antes de producirse. Cada jugador es un árbitro cargado de razones. El césped es tan gris como el barro. Los colores de los equipos son tan difíciles de barruntar que los goles en propia meta son el pan de cada día. Se distinguen a las figuras por la cantidad de cardenales que adornan sus piernas. En la barriada un gol no se mete, se rebate.
La primera parte se diferencia de la segunda por el número de latas vacías de cerveza en los córneres. La furia de la juventud hace que las pelotas estén mayormente en los tejados. En el terreno se ríe y se lucha mientras el peor jugador de la liga recupera los balones debido a su facilidad para asaltar casas y en alguna ocasión ha llegado a poner un DVD en el punto de penalti. Al menos, en alguna ocasión hemos llegado a tener moviola.
En la barriada también se puede fichar para el próximo campeonato. Y yo voy a proponer a la directiva uno que no podrán rechazar. Es un tipo alto y moreno que, aunque no haga la bicicleta, simplemente por acompañarnos nos hará mejores, en el campo de juego, en la barriada y en los tejados.
jueves, 28 de noviembre de 2013
HIJOS DEL AZAR
Algunos hijos al asomar sus caras por las vulvas de sus madres reciben cálidos abrazos. Otros, certeros bofetones. Y el resto, ni una cosa ni la otra.
Unos son llamados para ocupar nobles destinos. Otros se colocan donde pueden. Y el resto, forma masa. Los hijos del azar son lanzados hacia el futuro como si nadie hubiera planificado su caída. Los responsables esconden los dedos tras apretar los gatillos. Saben que el orden estricto solo se mantiene con la apariencia del caos.
Si no soy hijo de un senador no tengo inmunidad. Si no soy ningún afortunado me pedirán algo más que sujetar mi desgracia. Si no nací con algo más que con lo puesto me mandarán a la guerra para que me gane el traje. Si el azar ha sido tacaño conmigo tendré que ser agradecido con los que me dejan migajas. Y si por algún extraño disparate me revelo ante el albur, sería deseable hacerlo cuando no tuviera nada que perder porque dejan clarito que sería lo último que haría.
Algunos hijos vienen al nacer con panaderías enteras bajo los brazos. Otros vienen con más hambre que con ganas de vivir. Y el resto, donde me incluyo, nos hemos comido el pan antes de nacer y, entre retortijones, nos pasamos la vida buscando un sitio donde cagar.
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