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jueves, 3 de abril de 2014

COSAS MEJORES QUE HACER


Queda tan lejos la pérdida que parece que nunca haya poseído nada. Recuerdo el extraño cansancio en medio de la trazada alegría. La circulación era de grumos, el bienestar molesto y la voluntad ausente. Daba por hecho que la existencia estaba decorada de grises en mi alrededor y en el de los demás; que las posibilidades no pasaban de una; que la elección era una bonita rotonda… y que la suerte era eso.
Era un maldito creyente de piedra en el soportal del milagro en bucle, acomodado en la miseria de la estrechez, tan deudor y agradecido como inexperto y ciego. Entregaba al vacío lo que creía compartir mientras el embaucador eco de la usurpación me tenía entretenido y conforme. Aun así, sabía que yo no era trigo limpio, ni mucho menos, cosa que provocaba en mi petit comité una vergonzante náusea, la cual traté por todos los medios ocultar. Darme generosamente, era mi torpe manera de conseguir la expiación.
El mayor de mis errores no fue hacerlo mal, fue el tiempo que tardé en encontrar la salida; en hacer de mi vida algo mío; en disculparme por abandonar la rotonda; en confesar que mi peor enemigo soy yo; en descubrir que a narcisista no me gana nadie; y que, lamentando con sinceridad el daño causado por mi fatal lentitud, comprender que, incluso desde el principio, siempre tuve infinidad de cosas mejores que hacer.


jueves, 27 de marzo de 2014

TRANQUILAMENTE


Asomado al precipicio busco con tranquilidad argumentos para detenerme. Abajo se acumulan apretados finales sin lugar para otros que no sean el mío. El vertedero recibe productos del uso. Hago una fogata frotando palillos húmedos por el desencanto. En el borde no hay una temperatura adecuada y la decisión no admite demoras. No se pueden esperar milagros en documentales.
He traído bebida para emborrachar a un muerto. Nunca pude mirar de frente a la realidad. A falta de valor, buenos son los sueños aunque sean caminos sin salida. Siempre tuve a mi lado un sastre llamado ficción. El barranco me ofrece el don de la invisibilidad. Vuelvo la vista apenas un segundo y sinceramente, hay poco que salvar. Quizá una mano que me empuje. Quizá alguien que desee saldar las deudas que contraje. Alguien que desee venganza y la obtenga. Prometo dar facilidades.
Asomado al pozo busco la inercia para no detenerme, para no quedarme a medias. No hace falta que me precipite. Tan solo se trata de precipitarse. Precipitarse con suma tranquilidad.

jueves, 20 de marzo de 2014

SIN TIEMPO QUE PERDER


En algún momento de distracción se me volcó el reloj de arena y ahora que limpio mis pies adentrándome en la playa no quedan chiringuitos, ni socorristas en top-less que me ofrezcan segundas oportunidades.
Sentir el roce de las hojas del calendario cayendo a tus espaldas solo puede significar una inquietante cosa: que lo has sobrepasado.
De joven, dejaba los deberes pendientes. De viejo sé que, aunque los haga, quedarán sin corregir.
Habito en la premura, en la celeridad y en el pretérito imperfecto.
Antes de formalizar la expulsión me gustaría embellecer el paso y maquillar los errores añadiendo unidades paliativas al conjunto. Aunque, sin ser muy pesimista, lo único que llegaré a hacer será quedarme con el adiós en la boca.
Estoy sin tiempo que perder pero se pierde sin querer.
En algún momento de lucidez se me olvidó poner el despertador y comprendí que los segundos no existen si no los cuentas. Y ahora que mi antebrazo se broncea en la playa sin marca de reloj alguno, llega mi hora.

jueves, 13 de marzo de 2014

HUMO Y CARAMELOS


Compramos artículos inservibles de caducidad anticipada, de dudoso contenido y de inútil eficiencia pero, eso sí, envueltos en papel de irresistibles colores. Saberlo con antelación no nos sirve de nada porque acabamos pagando por lo que carece de valor. Firmamos por sueños lo que en realidad son simples contratos amañados a la sombra del más burdo fraude. Por el camino quedan rotas las esperanzas, podridos los deseos y decrépita la juvenil ilusión.
Tiramos la llave tras cerrar los grilletes alrededor de nuestras muñecas ofrecidas con superficial decoro. Sacrificamos libertades por pura ineptitud. Ocupar clichés nos ahorra la reflexión, tan costosa ella.
La teatralidad inunda escenarios. Más fácil es seguir el guión que salirse del papel.
Nos dicen cuándo reír, cuándo llorar o cuándo escoger la fe. Compramos lo que los dioses desechan porque, no hay vendedor en el cielo que compre lo que venda.
Amamos los sensuales ojos de un cartel perfectamente impreso, mientras somos incapaces de recordar el color de los ojos de quien nos miró.
Hacemos así de la vida un delirante bazar de humo y caramelos para felices desgraciados.