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jueves, 8 de mayo de 2014

TRAS EL RIESGO SE CONFIRMA LA PRECEDENTE SENSACIÓN DE ¿Y ESTO PARA QUÉ?


Hay que buscar muy lejos para comprender la estructura de nuestros átomos. Hay que mirar hacia el horizonte para saber dónde coño termina nuestra piel. Tenemos que morir para certificar nuestras vivencias. Hay que retorcer y agotar las preguntas para dejar un legado de seca incomprensión. En el esfuerzo anidan recompensas de fuego y oro. Cualquier hoguera promete cenizas. Cualquier precipicio convierte la senda más rocosa en vapor de agua.
Hay que arriesgarse con desesperación, sin miedo. Malgastar emociones como si se soltara una jauría. Desbrozar las hierbas que aburren. Meter un temblor en el ataúd en vez de un inane cuerpo.
Hay que atreverse a bailar con la rocosa integridad cuando la música de sirenas nos seduce con su cebo de olas para llevarnos mar adentro.
Tras romper el límite queda la cáscara. Después de esforzarse por evitar la vulgaridad queda perdida la máxima apuesta ulterior. Después de firmar en la mesa en vez de en el papel, queda un contrato imborrable de torpeza arañado en nogal.
Después de arriesgarlo todo se confirma la precedente sensación de ¿y esto para qué?

jueves, 1 de mayo de 2014

AGUA SUCIA


Sus ojos destilan agua sucia mientras ve llover. Está inmóvil en medio de una calle olvidada de tránsito. Las gotas de lluvia tienen humeantes brillos plateados en honor de una luna ardiente y se le clavan en la piel como confeti de agua oxigenada con intenso escozor sin que la picazón remedie o cure. Mira la ventana de un cuarto piso con débil desinterés. Le llegan recuerdos intermitentes; como a grumos; rachas de aire sin cocer que percuten como un despiadado martillo en su cabeza a punto de la demolición. Sigue lloviendo a cántaros y la terrible nube no se aleja ni para repostar. El agua fría cala en sus huesos para nunca evaporarse ni cuando al tiempo se verán dispersados en una fosa común.
Una tormenta se encadena con la siguiente empapando tristemente su lánguida quietud. Llora suciedad a golpes de abandono. Tarde o temprano su carne dañada se metamorfoseará en piedra fósil cual capullo malogrado.
Su mirada se detiene en la nada, en el mismísimo corredor de la muerte, en el último infructuoso deseo. Llueve sobre su desamor hasta morir.
Y de seguido, escampa.

jueves, 24 de abril de 2014

ÚLTIMA FRONTERA HABITADA


Tener enfrente la última frontera habitada supone dejarse de inútiles flácidos lamentos, olvidarse de hacer retoques en la biografía, dejar de preocuparse por la hacienda y, si no quieres practicar el ridículo, obliga a no aferrarse a lejanos gemidos de supuesto placer. Especialmente necio es abandonar el mapa con cara de sorpresa cuando el barquero estira sus manos hacia ti. Allá, un buen puñado de desaparecidos se ríen con sus bocas etéreas, mostrando dientes que no son más que fantasmagóricas piezas de esmalte negro gastado. Desde allí incrédulos nos miran. Y como cabrones desalmados, se parten el culo, con la fullera ventaja que da haberlo perdido.
La última frontera habitada es lánguida y cruel, terminal y perfecta, prurito de un escozor eterno.
Allí se admite con naturalidad la finitud. Se recibe con indolencia el dolor.
Tener enfrente el punto final en forma de cielo azul extendido nos clava sarcásticamente a la tierra, dejándonos a merced de la confusión, sin voluntad ni suelo.
Allí las llamas envuelven al fuego y la nada al frío.

jueves, 17 de abril de 2014

TENER SUFICIENTE


Si guardas para perderlo, si huyes para encontrarte o si vuelves para empezar, es que ya tienes suficiente.
Si hayas el círculo en la caída en picado o si aventajas al futuro, es que tienes suficiente.
No sé si la obesidad mental tiene tratamiento. El secreto de la perfección está en que ni le falta ni le sobra nada.
Si tienes verborrea, odio o resaca, es que ya tienes suficiente. Un edificio está acabado cuando la gente es el último ladrillo.
Un montón de fe no suple las carencias. Un cargamento de sal no rebaja el azúcar en sangre. Un recién nacido no descuenta a un muerto. Y una risa no ahoga el llanto.
Si apuestas lo que no te pertenece, si escarbas en la herida o si apuras las provisiones, es que tienes suficiente.
Si eres repetitivo, tienes suficiente.
...
Mal rollo, acabo de darme cuenta de que soy repetitivo.