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jueves, 3 de diciembre de 2015

MURO SIN LAMENTOS


Cada uno se tiene a sí mismo con sus vicisitudes, desatinos y carencias. Enfrente los demás. También lo demás y lo de menos con su azarosa temporalidad. Un muro tan alto como nuestras debilidades se va construyendo a golpes de demolición. Cuanto más se intenta traspasar más se fortalece. Allí escribimos nuestra historia, con disparos, furia y temblores. Con la tinta de corazones derramados se dibuja en la seca pared lo doliente que llega a ser el amor roto y usado, aunque cada minúscula sección separada del todo, brilla cegadoramente. Y no estoy hablando de ningún muro de las publicaciones. Hablo del que se llena con nuestros actos, deseos e incapacidades. Es un diario de cemento para adolescentes suicidas, de esos que no pueden ver la vida sin sentir todo su peso sobre su bendita juventud. Y cuando la pared la tienen casi en su totalidad garabateada descubren su sentido al dar un paso atrás y separarse de ella en vez de intentar traspasarla. Entonces ven que ese muro no se hizo para lamentaciones porque han dejado la juventud por el camino de la sabiduría.
Dejémonos de gilipolleces y dejemos bonitas paredes con sus desconchados. Y con lugar para que los que nos sucedan puedan escribir sus iniciales encerradas en un corazón de tiza.




jueves, 19 de noviembre de 2015

ASOMBRARSE


A cada vuelta de esquina nos espera un sobresalto tan sutil como el aleteo de un pedrusco, el pastel de vinagre o la brisa de un huracán. De todos es sabido que la diversión es la hija necesaria del aburrimiento. La inquietud y los temblores son la llama que enciende el amor. Mientras haya ingenuidad habrá asombro. De almas incautas llenos están los mataderos. Se sorprende antes a un inmóvil que a un nervioso. La jugada solo la dan por ganada los perdedores y el que desprecia a los enfermos es el que más enfermo está. Los coherentes son carne de psiquiátrico, no os fieis de sus pétreas convicciones. Más mata un muro que una ensoñación. Más los conservantes que el veneno. Somos sustancia volátil, azar desatado, cumbres de espeleología sin explorar.
Poder asombrarse es no dar nada por sentado aun haciéndolo desde el sofá. Cuando asientas la cabeza también lo hace el corazón. A la vuelta de la esquina nos espera otra esquina más que doblar, tan vieja como la anterior o tan nueva como la próxima.
Y esto es todo, amigos.


jueves, 5 de noviembre de 2015

LA PARTE DE ATRÁS DE TODAS LAS COSAS


Bolas de fuego atravesando intestinos desahuciados tras una digestión difícil debido a una ingesta de dudosa procedencia. Sanguinolentas deposiciones con un obvio hedor natural y milenario. Escombros que cubren escombros. Tumbas necesitadas de psicoanálisis. Polvo cargado de coherente fracaso. Y eternidad maltrecha por falta de medicación.
En la otra orilla florece el pantano, tan capaz de devorar corrupción y honestidad a partes iguales. Nada se le escapa se llame como se llame, apagón o luz, hielo o llama. Para sus adentros remotos va.
Cuando un relámpago reluce en medio de la nada, empieza la tragedia. Y si obstinado es el furor de la vida, más lo es su podrido desenlace.
Desde el origen buscamos la parte de atrás de todas las cosas y, si llegamos a intuirlo apenas, nos da un susto de muerte de tan sencillo que es. Comprender que nada importa es lo más importante. A esa descorazonada desazón se le suele llamar vivir. Cada uno de nosotros le da al tránsito su peculiar razón. Y si eres lo bastante afortunado de sufrir una crisis de lucidez, lo aceptas y te pudres alegre sabiendo que eres una bolita encendida más cruzando el paraíso del intestino de un dios tan irreal como absurdo.


viernes, 23 de octubre de 2015

EMPIEZA EL FINAL


Traspasado el fuego queda la lluvia ácida de la descomposición cayendo sobre mí.
Vástagos del desorden anuncian la resolución y me desmorono como ciudades carcomidas por la debilidad ante el pecado. Las alarmas se disparan y no sé detener sus gritos. En el fondo lo sabía aunque, a ver quien es capaz de impedir el descenso. Nadie tiene las manos suficientemente grandes y fuertes para ello. Cuando comienza el final solo puedes elegir dejarte llevar. Con digno estilo o sin él.
Al salir, bajo el umbral estallo en lágrimas, de igual modo que lo hice al entrar. Inconsolable me muestro, sin importar si es apropiado o no. El mundo seguirá sin mí y no le importará una mierda. Dejaré de ser un testigo privilegiado para convertirme en otro vulgar inútil proyecto malogrado. Mi pequeñez es tan enorme que me sobrepasa. Aun así, me rebelo ante un final tan ineludible como cruel y me agarro a la vida como si la muerte no fuera conmigo.