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sábado, 26 de marzo de 2016

SUCIAS CARICIAS SONORAS, (Dedicado a la mejor banda viva que conozco)


Siendo un crío repelente supe que la verdad se oculta bajo un manto de falsedad necesaria para no caer en el horror más absoluto. Y la paradoja te funde los plomos si no eres capaz de mirar de frente a la inculpable realidad. A quien entiende esto, se le llama insociable, radical o proscrito, fuera de toda norma, tan lejos de la comprensión convencional como de su tiempo. Y bien mirado, todo Jesucristo necesita su Judas. Al crecer supe que el dolor es brutalmente útil para saborear el placer. Al envejecer he aprendido a no culpar a nadie de mis fatalidades. La canción de la mejor banda viva que conozco habla de mirarse al espejo y no perder los papeles al aceptar el reflejo. La vorágine de la existencia nos difumina el pensar y nos obliga a defendernos de lo externo cuando en realidad la batalla solo se libra dentro.
Ahora, tras tanta hueca palabrería, voy a decir lo que venía a decir: Me congratulo de conocer a tres tipos que se dedican a producir sucias caricias sonoras. Se llaman MENSAJEROS DEL HORROR, acaban de grabar un disco tan enorme que no cabe en ningún canal radiofónico, ni en ninguna reseña discográfica. Se ocultan cerca de aquí y solo beben si los invitas.
Me siento como un chivato al contar su existencia pero, al ser tan maldito como ellos, igual nadie me oye y me perdonan. Os debo una invitación para beber y celebrar vuestras sangrantes melodías arenosas que frotan mis viejos oídos macilentos, rejuvenecidos a cada nueva escucha.

viernes, 11 de marzo de 2016

INVISIBLES II




Cumplir períodos aporta bajas, no necesariamente definitivas en el caso de que hayan ocupado con fuerza corazones que sigan latiendo. Las ausencias valiosas se acumulan en un sitio invisible tan real como la cartografía de la emoción. Carecen de corporeidad pero su ausencia pesa más que todo el cemento circundante. Nunca terminan de irse, si alguna vez te acompañaron. La lejanía aporta el mismo deje, si alguna vez se sintió la cercanía. Entre vivos y muertos hay un empate singular, sobre todo en la escasez de quienes consiguen ser añorados.
A falta de la excelencia nos conformamos con la mediocridad, quizá por no caer en la locura.
Los invisibles siempre están ahí, ofreciéndose con generosidad, para todo aquel que mire más allá de su oscuro ombligo, agujero negro de todas las soledades.
Aspirar a la invisibilidad es un reto restringido al club de los vientres lisos, especímenes tan raros como generosos, capaces de convertir sus hoyos de egoísmo en luminosa entrega desatada.
No se ven fácilmente, pero están aquí.

jueves, 3 de marzo de 2016

EVOLUCIÓN


Usted no está envejeciendo, está evolucionando. Y no lo digo yo, lo dice usted. Bendita vejez construida con pasión, arañazos y respeto. Tras una ruda máscara de pliegues con la profundidad de los surcos del Cañón del Colorado se esconde una mimosa y dulce calavera de amor por los ritmos más negros. De joven usted decía que no valdría la pena envejecer, ahora, todo le contradice y no seré yo quien le lleve la contraria al tiempo. Nadie está más de moda que usted, con esa garganta de cueva forrada de terciopelo y poder. Con esos dedos sarmentosos capaces de producir vino del mejor. Con esa fortaleza que da el saber lo que importa y lo que no. Tras un rastro tan extenso como determinante que quita el aliento rastrearlo, hay un abuelo feliz que sabe serlo, cosa no poca, como usted diría. Vivir dignamente es complicado cuando uno se mira más de la cuenta el ombligo y no rinde homenaje sincero a quienes le enseñaron la magia con gentil generosidad. Todos estamos expuestos a perdernos por el camino y usted lo estuvo las veces que fueran, pero, hasta del derrape hizo virtud. Al verle ahora, algo me dice que no todo está perdido. Me habla de problemas y yo me imagino una socarrona media sonrisa tras haber pasado el fuego. Es como si fuera usted recogiendo las almas de aquellos increíbles músicos de color que nos fueron dejando. Y no cualesquiera, solo los más grandes.
Siga evolucionando, por favor.      

jueves, 25 de febrero de 2016

RUMBO A LAS ESTRELLAS


De joven se mira a lo alto sin conocer la tierra que se pisa despreciando descaradamente su firmeza tan útil como necesaria para no salir despedido hacia el espacio infinito sin posible retorno. El cordón umbilical es muy frágil y deviene en total olvido si no se alimenta con fruición la empatía, la humildad y el desfasado amor. Se está fuera de onda al practicar la bondad y el desinterés. Simplemente es de marcianos ser compasivo además de ser un perfecto gilipollas en su amplia extensión de la palabra.
La juventud, con su tropical efervescencia, te confunde. Y si no dejas pasar un prudencial tiempo, te aboca al error en bucle. Sueñas como un incontrolable volcán y vives como un crucigrama relleno de falsas respuestas sin posibilidad de corrección por la fogosa vanidad con la que fueron escritas. Aprendí a amar cuando menos me quisieron. Cuando sentí el engaño y los celos, es cuando más mísero fui. Y comprendo su fuerza. Pero, al dejar atrás la voluptuosa juventud, sé que no es más que una distracción que te aleja de lo realmente importante. Somos pequeños planetas expuestos a la ley de la gravitación universal, minúsculos cometas errantes en busca de ojos enamorados que se asombren a nuestro paso.