Las almas humean de tanto frotar deseo y fracaso. La luz se pierde lejana como alma que lleva el diablo. Y la música tropieza por los borrones que producen lágrimas cayendo en la partitura más oscura. El calendario se detiene con lentitud hasta que duda de su futuro y obliga inverosímil volver sobre sus pasos al tiempo. La dirección se arruga como piel mojada cuando su gepeese deja de funcionar y confundida, lánguidamente pierde el norte. La separación forma dulces cúmulos de terror que se atraen y repelen por el magnetismo del desconocimiento. Lo de afuera siente curiosidad por lo de dentro y lo de dentro muestra absoluta indiferencia hacia lo de afuera, esto sucede los días pares y todo lo contrario los días impares, en un ciclo tan eterno como ridículo. Una delgada línea, inexistente en realidad, separa lo extraño de lo conocido con insensata tozudez. La carencia se convierte en miedo, el miedo en odio y el odio en destrucción y vacío. La totalidad es el remedio y está tan cerca que ni se ve. La parte pobre está a ras del suelo y la parte rica vuela. Quien puso el cuchillo y cortó las partes se desangraba de tanta soledad que, se dejó vencer por el miedo de pensar que tenía el alma hueca, sin comprender que solo se puede llenar lo de dentro si se deja pasar a lo de afuera, uniendo así lo que les separa. Sencillamente. Y en esa sencillez, se oculta la más titánica dificultad.
Fórmula compuesta de música y lectura que busca poner la piel de pollo. Con la música seleccionada debería bastar, pero debo juntar palabras de mi magín por hacer algo. Gracias por la visita.
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viernes, 12 de abril de 2019
EL ALMA HUECA
Las almas humean de tanto frotar deseo y fracaso. La luz se pierde lejana como alma que lleva el diablo. Y la música tropieza por los borrones que producen lágrimas cayendo en la partitura más oscura. El calendario se detiene con lentitud hasta que duda de su futuro y obliga inverosímil volver sobre sus pasos al tiempo. La dirección se arruga como piel mojada cuando su gepeese deja de funcionar y confundida, lánguidamente pierde el norte. La separación forma dulces cúmulos de terror que se atraen y repelen por el magnetismo del desconocimiento. Lo de afuera siente curiosidad por lo de dentro y lo de dentro muestra absoluta indiferencia hacia lo de afuera, esto sucede los días pares y todo lo contrario los días impares, en un ciclo tan eterno como ridículo. Una delgada línea, inexistente en realidad, separa lo extraño de lo conocido con insensata tozudez. La carencia se convierte en miedo, el miedo en odio y el odio en destrucción y vacío. La totalidad es el remedio y está tan cerca que ni se ve. La parte pobre está a ras del suelo y la parte rica vuela. Quien puso el cuchillo y cortó las partes se desangraba de tanta soledad que, se dejó vencer por el miedo de pensar que tenía el alma hueca, sin comprender que solo se puede llenar lo de dentro si se deja pasar a lo de afuera, uniendo así lo que les separa. Sencillamente. Y en esa sencillez, se oculta la más titánica dificultad.
viernes, 1 de febrero de 2019
TODO ES TRANSITORIO, MENOS AMARTE
Si fracaso en esto, fracaso en todo. Siempre pensé que poner la fe en un amor es como hincar nubes en la tierra o como helar el infierno con alocada convicción. Nada permanece. La ley del cambio fluye e irrumpe con fiereza alrededor nuestro dejándonos huérfanos de poder, convirtiendo la libertad personal en un guiñapo ridículo más parecido a un chiste sin gracia que a un digno logro. Abocados estamos a desaparecer en un ¨pis-pas¨, a no dejar rastro alguno, a ser una acumulada nada. Rugimos sin saber que en el vacío no se puede gritar. Sin saber que lo duradero no está a nuestro alcance. Lo nuevo envejece de forma abrupta. Hay tantos cambios que cualquier intento de adaptación resulta tan baldío como detener la pérdida de juventud con bálsamos, cirugía o vestimenta infantil. Los océanos se secarán, el sol morirá en medio de la noche y el mundo será despedazado sin tiempo para tener una mortaja decente. Todo esto pasará.
Pero me niego. Me niego a ser un realista de mierda. Me niego a dejar que mi amor por ti sea un temblor pasajero. Me niego a pensar que lo que ahora siento forme parte de la inconmensurable y vulgar transitoriedad. Y si para ello tengo que engañarme con falsos ensueños, lo haré. Quizá no te puedo querer realmente, pero nadie podrá decir que, en sueños, te quise. Y como la ilusión está a salvo de la realidad y del tiempo: Te amaré para siempre.
viernes, 28 de diciembre de 2018
LA PENDIENTE
No te fíes de la visión majestuosa que la juventud ofrece, tan solo es un instante de poder condenado a debilitarse. Toda plenitud incluye decadencia y desaparición. Tampoco desprecies la luz cuando te sobra, cuando te ciega con su traje de lentejuelas bajo un sol de justicia, en menos de que canta un gallo te verás envuelto en sombras lamentando puerilmente la magnitud del apagón. Se termina apreciando lo que falta si al principio se ha despreciado lo que sobra. No es solo cosa de viejos, es cosa de todos y suele ser tarde llegar a comprender cosa tan simple. Cierto es también que no se puede vivir sin intentar olvidar que nada dura eternamente. Pero si tienes la arrogancia por las nubes por ser joven y te cruzas con un anciano, no lo veas como un molesto estorbo, con generosidad te está dando pistas de hacia donde te diriges. Y si le prestas la adecuada atención puede que te enseñe útiles cosas. Alguna vez fue tan necio como tú, pero al llegar más lejos que tu quizá haya tenido tiempo de mejora. Es gracioso pensar que cuando le coges el tranquillo a vivir todo se desmorona y pudre, señalando con sorna la salida. Haz lo que esté en tu mano para aliviar la caída por su pendiente. No le dejes solo. Y reza por encontrar a alguien como tu cuando estés resbalando por la tuya.
viernes, 16 de noviembre de 2018
UNA REVELACIÓN SIN EFECTO
La otra noche desperté con una suavidad inusitada y me acompañó todo el día una alegre sonrisa que solo yo podía ver. Desarrollaba cualquier cotidiana actividad deslizándome, pisando tierra y cemento como si fueran frescas gominolas de colores, como si la gravedad hubiera perdido parte de su nombre y poder. Me sentía extrañamente purificado, ungido de gracia. Parecía que mi mente, por su cuenta, hubiera clausurado la parcela donde se ubica el cinismo, el hastío y la desilusión. Me sentía nuevamente inquieto, curioso y libre como un niño. Insaciable ante el juego. Invulnerable ante el dolor. Incomprensible ante el tiempo. Y a lo largo del día no pasó nada especial fuera de mí. Hice el mismo tipo de cosas que suelo hacer. Sin más.
Al llegar la noche caí rendido de tanto ejercer de niño. Y antes de entregar la vigilia al sueño, recordé el del día anterior. Estaba en una montaña sin laderas, mirando al cielo nocturno, notando como resbalaba por la comisura de mis labios el hilillo de saliva de esos que confirman un descanso rotundo y feliz. Así se le conoce al sentir con gusto desaparecer. Y cuando casi metadormía, una luz creciente venida de las estrellas me cegó y me dijo sin hablar que no fuera tonto, que tener vida vale la pena y que no la malgastara con estupideces de adulto, tras lo cual se fue apagando hasta que ocurrió lo narrado al principio.
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