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viernes, 2 de octubre de 2020

ESTUVO BIEN



Llegar a la penúltima parada incomprensiblemente intacto, es para estar sorprendido y agradecido a partes iguales. Cuando los sábados consumidos vencen por goleada a los que están por venir, es fácil que el húmedo desinterés resbale por entre sus futuras rendijas como pegajoso desencanto mortal de domingos al atardecer. Suele ocurrir, pero si no, la melodía vital se abre paso con renovado y extraño ímpetu. Todo está condenado a desaparecer, desde la crueldad más desaforada hasta la más ridícula bondad. De todos modos tanto dará si fuiste víctima o verdugo, cuando todo termine nadie quedará para ensalzar o condenar. Lástima. Suena descorazonador, pero si quieres escuchar palabras edulcoradas, este no es el sitio. Mejor callar antes de que lo real haga caer sobre tus pies a tu lengua de un tajo tan limpio como triste, dejándote sin nada más que decir. La educación, con sus recortes, nos enseña a soportar el ilimitado vacío. Aún así, estuvo bien cuando fuimos jóvenes, pletóricos de inocencia y estupidez a partes iguales. Se tiene que disfrutar del error para volverlo a cometer. Las ganas de conocimiento es la mejor medicación para sentir que vivir es un goce. Ahora la rueda no para, en habitaciones compartidas se están buscando amores destartalados, en reuniones de sombras solitarias se está conspirando contra la desgracia y en el fin del mundo se están haciendo planes de futuro. Si para ti, la juventud es apenas un recuerdo, dime si estuvo bien. En la otra esquina del planeta arde el deseo tanto como aquí. Todas las hogueras son nuestras, desde que se encienden hasta que se apagan. Y en definitiva podemos acordar que ardimos con mejor o peor acierto, pero nadie puede decir que el futuro estuvo bien.      
 

viernes, 4 de septiembre de 2020

NECESIDAD



Cualquiera conoce a alguien que compara su existencia con un doloroso error, que antes o después reconoce que no encaja en ningún patrón, que apenas es útil y que no merece el sitio que ocupa. Ese alguien se verá abocado al desastre, a no ser que por un extraño designio se encuentre con alguien con la disposición adecuada y le acompañe sin esperar nada a cambio. Los mayores misterios pertenecen a lo sobrenatural. En ocasiones a quien nada pide, todo se le da. En este caso, verídico de necesidad, así ocurrió. Entonces ese alguien sin nombre, que cualquiera puede conocer, encontró el modo de sacar provecho a su total ineptitud. Se convirtió en ese puro amor que ese otro alguien válido merecía tener. Y una noche le dijo que le llevara a cualquier lugar, y con esa excusa, le dijo que si de camino hacia allí moría, no habría forma más perfecta de hacerlo que a su lado. No es fácil hacer nubes blancas con el vapor del incendio de un fracaso. Pero si se da la oportuna necesidad, cuadra hasta el mismísimo círculo. La luz más brillante puede salir de la sombra más oscura. No existe lo uno sin lo otro. Se trata de completar ciclos, de tener la suficiente paciencia en el dolor hasta que el placer imparable se abra paso, como lo hace el día ante toda noche que pretenda ser eterna. El final es la cura para cualquier principio. Somos maravilla y miseria a partes iguales. Y tenemos la necesidad de elegir a qué nos entregamos. Cualquiera debería saber que el amor ni se pide, ni se exige, tan solo se crea si se da.     

jueves, 28 de noviembre de 2019

DESPEDIDA


Tarde o temprano llegará la hora de desaparecer, de dejar el préstamo que es la vida, de ausentarse a ser posible sin molestar y con gracia. De hecho, entrar es el origen de una flecha que apunta a la salida. Hay quienes la recorren sin apenas hacerle muescas y hay quienes la dejan hecha unos zorros, irreconocible, inservible, borrada del mapa casi. Cuando llega el momento de volar lejos nos tiemblan las piernas, pero nos crecen alas y sin impulso, despegamos. Desde lo alto hay quien saluda, hay quien no mira atrás y hay quien escupe. La ley de la estadística dice que la gente se va como vivió. Si los vivos difícilmente cambian, no digamos los muertos. A la verdad se llega cuando encuentras inequívocamente tu propia mentira. La luz más clara te puede cegar tanto como la más profunda oscuridad. Volvamos al principio dijo un finado. Más pronto que tarde habrá que despedirse. Las formas lo son todo y habrá que elegir una. Se puede hacer aullando, con susurros o en silencio. Se puede hacer quemando las naves, dejando herencias suculentas o deudas inolvidables. Pero también es posible que nos pille a traición y sin plan que llevarse a la boca. Entonces mejor será no haber sido muy cabronazo para que no nos pite los oídos por toda la eternidad. Por tanto, mejor será irse sin ton ni son, dulcemente, de puntillas y cuando el resto mira para otro lado.    

domingo, 10 de noviembre de 2019

CARAMBOLA. (A Teresa, y de ella a Antonio)


Los juegos son felices divertimentos didácticos que se utilizan en la niñez para, cuando la hora adulta llegue, no nos amargue del todo. Es como decir, sonríe, antes de que el llanto arranque por peteneras. Hablemos del billar, un juego que transita entre las dos edades, convirtiéndose en deporte cuando alcanza la mayoría de edad. En él existe la carambola, y ahí quería llegar. Una vez conocí a alguien y supe desde el primer momento que podría ser mi compañera de juegos hasta que el cielo cayera al suelo, sin importar ni como ni cuando. Y ese alguien a su vez, hacía carambolas, y así el juego no acababa, se extendía. En el tapete había bolas de colores, Entre ellas había una que al golpearla parecía romperse con acento villenero pero, antes de desaparecer siempre conseguía recuperar la forma y el color. De la más temblorosa sensibilidad, surgen las piedras más valiosas. Quien es capaz de atravesar el fuego, no sin dolor, doblega al mal. Sigue en el juego, y las carambolas son caricias. Reponerse entonces es una dulce obligación. No rendirse es la clave. Estoy apuntando a mi querida bolica para que al salir lanzada haga carambola en tu pecho y te transmita amor, aun cuando el mundo esté pereciendo en odio. Mira, ahora que todo acaba, te damos el tiempo que nos queda.