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viernes, 5 de noviembre de 2021

LA LLEGADA

Trátame con dulzura si llego. Decaer no tiene que ser traumático, más que nada por no haber estado nunca arriba. Las escaleras son caminos quebrados en dirección al sótano. Trátame bien si rompo la cinta de llegada. Besos y flores. Agua fresca y batín a cuadros. Sonrisas o carcajadas también me valen. En ti deposito mi memoria cuando la pierda. Recuerda cuánto te quise. Cuando llegue habré triunfado si queda alguien cerca sin suficientes motivos para odiarme. Alguien a quien mis tozudos disparates les sean livianos, simpáticos, inofensivos. De mí depende llegar con posibilidades de que lo anterior se cumpla. Y si mis dientes se caen será por haberlos apretado con fuerza para conseguirlo. Unos llegan antes que otros. Y no es lo importante. Otros se quedan como estaban al salir. O peor. Y eso sí es importante evitarlo. Trátame con ternura si lo he merecido. Besos, susurros. Abrazos, canciones. Aunque sea un amasijo de huesos o una cáscara quejumbrosa trátame bien si llego, para que la muerte recoja un alma querida, inservible para ella, insobornable por tanto.

viernes, 4 de junio de 2021

REBOTE

Al llegar a ti encontré la otra orilla, mi otra orilla. Al principio me sentí como Colón avistando tierra, al límite de la humedad y de la escasez, casi al final descubriendo de nuevo el principio. Esta historia es la historia de un náufrago renacido, sin crédito ni redención al que se le recupera en el límite del tiempo. Estaba condenado por acumulación de decisiones ausentes de acierto, sin saber que me estaba dirigiendo hacia una salvación inesperada. Buscar el precipicio, de rebote te puede llevar a la cima. Como a los grandes descubridores, para encontrar algo, antes se necesita estar perdido. No fue fácil, pero mereció la pena. Los más afortunados tienen un historial pleno de apuestas perdidas. Espoleado por el infortunio, infamado e incompetente, encontré la cura. Saqué las heridas a pasear y tú las mandaste a paseo. Todo fue y es como la primera vez. Podría no haber sido así. Millones de almas arden bajo nuestros pies al no haber llegado a buen puerto. Por entre los muertos vuelan nuestros placeres hasta que nos unamos a ellos. Hace mucho tiempo que dejé de quejarme. Hace tiempo que tu mano me dio una nueva mano de pintura. Y de rebote sonrío resplandeciente. ¿Bailas?

viernes, 30 de abril de 2021

ESTADO DE INQUIETUD

Si buscas un sitio, es que necesitas saber adónde ir. Sentirte extraño es tu estado natural. La inquietud te inquieta, te arde, te adormece y no encuentras la forma de salir del fornido letargo. Pareces una figura de mármol en medio de un vendaval, un figurante borroso en una imagen de acción, una sombra en una tarde soleada, un incomprensible desliz en terreno llano. La pendiente es de fatídica inclinación. Parece que nada esté hecho para ti. Buscas una salida en el callejón, un asidero en el precipicio y una fortaleza en la debilidad. Cuando te rodea la indecisión, decides no moverte. Cuando te impulsa la ingravidez, te conviertes en pálido cemento. Y cuando la ansiedad es tu pulso acelerado, te quitas de en medio como vapor de agua en ebullición. La mañana más vulgar acaba estropeando tu noche más excelsa. La piel se torna roca al perder el sentido y el beso más dulce te parte los labios dejando púrpura el mentón. El golpe es la forma en que se expresa el corazón al latir. La fiebre te hiela y el tiempo te devuelve al cascarón. La vida es un fugaz intervalo jocoso entre el nacer y el morir exento de importancia. Escuece no comprender tamaña simplicidad. Es frustrante sobremanera buscar un sitio en la eternidad, sobre todo si no entiendes que solo perteneces al instante. Eres material de olvido como absolutamente todo el resto lo será.

jueves, 1 de abril de 2021

BARATIJAS

Son las diez y los bares han cerrado. Los corazones encendidos se abortan como luces en un cortocircuito. Todo se oscurece y las almas desvanecidas huyen con pánico dejando a su paso cadáveres tan vacíos como madera podrida. Huele a abandono y hastío mientras el señor de la limpieza recoge el último cascarón. Por entre los residuos quedan ilusiones y promesas tan rotas, tan sucias, tan finas, que ni todas ellas juntas harían un recuerdo decente. Hubo un tiempo en el que cualquier pestañeo podía provocar una avalancha, cualquier silencio temblor y cualquier deseo satisfacción. Las noches comenzaban al atardecer y el amanecer solo era un eterno suspiro. El amor se malgastaba en un instante y el placer renacía a cada agotamiento. Hasta los lugares comunes llegaban a parecer insólitos. La intensidad no dependía de un buen plan, simplemente estaba ahí. La depresión era una resaca y el dolor un mero tropiezo a punto de pasar. Son las diez y el cementerio acaba de abrir. Hay flores para parar un tren y perfuman los caminos del Señor con ironía sutil. La tierra prometida abruma con su esplendor por entre sarcásticos epitafios dejando, ahora sí, recuerdos como puños con absoluta rotundidad.