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lunes, 5 de marzo de 2012

PREFIERO NADA GRANDE


Caramelos pequeños de gran sabor expuestos en el kiosco de la plaza preparados para ser elegidos.
Bocas como lazos rojos en la clientela de un domingo inhóspito, dispuestas a tragar ingrávidos dulces de camino al hogar.
Por muy lejos que quede el control de la situación siempre quedarán unas migajas de opciones, por pequeñas que sean.
Lo que quieras podrás atraparlo con liviana libertad, con frágil decisión; si las alternativas no son inabarcables desde cualquier punto de vista.
El grado de frustración depende del volumen de expectativa.
Prefiero nada grande que me supere, aunque suponga hacer concesiones. En la concesión habita la grandeza. Y en lo grandioso, la mezquindad.
Fue un domingo de octubre cuando compré caramelos para dar sin que nadie me pidiera, para dar a mi oscura sombra cuando pidió lo que creía merecerse. Al menos la tuve un rato entretenida.
Convivir con tu vasta insidia es titánica tarea, mantenerla a raya, todavía más dificultoso si cabe.
Aprendí de un pequeño caramelo de gran sabor.
Descubrir las preferencias es tenerlas.
Lo que quieras te está esperando, si no es demasiado para ti.

jueves, 1 de marzo de 2012

ASTILLAS PARA UNA HOGUERA

Las manos atadas bajo un fuerte aguacero. Los dos revoloteándonos sin poder tocarnos, sin atisbar la tormenta, sin sentir el frío de las cadenas. Algo nos une al menos.

Dijiste que somos intercambiables, que somos piezas de un frágil puzzle de húmedos contornos bajo la necesidad. Algo nos une, contesté.

Los ojos obligados a mirarnos. Los tuyos, oblicuos y recelosos como hechos de un zarpazo. Los míos, saltones y confiados como los de un sapo capaz de creerse la fábula.

Hubo tiempo para el desánimo, la carencia, la congelación y el deterioro. Quizá no supe hacerle frente, espantado y desorientado como estaba. Quizá ese trabajo me esté eternamente vedado.

Algo nos ha unido, pensaba.

Llegó el maldito invierno para dejar la piel expuesta y erizada. Dijiste que los suburbios no son cálidos, que la voluntad tiene extrañas aristas, que el frío no desata pasiones.

Y yo dije que echáramos las astillas, todas, a una hoguera.

Algo nos une: las brasas.


jueves, 23 de febrero de 2012

NUNCA SE HAN IDO LOS MALOS TIEMPOS

El poeta no ha envejecido, ha muerto por la falta de esperanza. Sus versos no han servido de la manera que cabía esperar, sus páginas se olvidan por entre la maleza como se abandona a un niño en un lujoso hall de hotel.

Las ratas hacen la pedicura de la gente. Se mueren los peces en un acuario virtual. Y la justicia social tiene los días contados, siempre que alguna vez hayamos contado a todos.

La decadencia perdió su halo de romanticismo como la atracción por la tropelía ha perdido la exclusividad.

Las grietas de la cordura son bonitas líneas de un tatuaje glamouroso.

Bandadas de cuervos oscuros dirigen la emigración hacia lugares tan cálidos como el infierno.

La dirección no se ha perdido ya que nunca se encontró.

Un poema quizá enternezca un alma. A la multitud sólo le dulcifica la sangre derramada.

El poeta grita su fracaso ante un auditorio inexistente.

Lo mejor de todo es que, hasta la mayor de las corrupciones y abyectas barbaries serán engullidas por la nada.

Pero mientras eso llega, la lírica buceará por entre unos malos tiempos que nunca nos han abandonado.


jueves, 16 de febrero de 2012

DE UN GOLPE DEJÓ TODO ATRÁS

De la fogata saltaban chispas, de la alcoba pesadillas, de la bañera agua adulterada.

A ratos se vestía de novia sin ganas de firmar compromiso alguno, con patitos expulsados de la granja formaba un zoo de plástico, con brumos en su cerebro exponía el discurso más cuerdo.

Inconsistencia en sus pasos más firmes, velocidad en su calma, dulzura en la extralimitación.

Ropa interior en actos sociales, abrigo de piel sintética en la intimidad, gritos en el minuto de silencio, lenguaje de signos para pedir auxilio.

Arcadas y vómito en la cena de nochebuena, digestión asegurada ante un pan y una cebolla.

Exceso y caos, aceleración y accidente en un cruce perfectamente señalado. De un golpe dejó todo atrás.

De la fogata empezaron a salir estrellas, de la alcoba sueños y de la bañera agua bendita.