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jueves, 24 de marzo de 2011

VIAJE SIN PARADAS


Las vías paralelas nos conducen a destinos diversos. Cada uno, el suyo, intransferible, único.

Nos suben a los vagones sin preguntarnos antes si está en nuestra voluntad sacar el billete. Arranca la máquina y con un estentóreo pitido nos lleva a través de tortuosos caminos y devastados paisajes hacia una estación bajo tierra.

Hay paradas, pero son adornos diseñados únicamente para devorar nuestra pureza, dejándonos viejos y desencantados, consumidos por la miseria y la enfermedad.

No hay diferentes estaciones donde bajar, sólo hay una. La definitiva.

Nadie pidió hacer el viaje, nadie reservó plaza en el tren de ventanas coloristas pero virtuales. Salir para llegar. Escapar para caer envuelto en cadenas, preso.

Yo, suelo consolarme preguntando al revisor con cuernos y rabo colorao dónde se encuentra el bar. Y mientras llego sonrío a toda aquella persona que me cruzo por el estrecho pasillo. Y si me deja le pego un abrazo. Y le invito a que me acompañe al bar para reír juntos hasta que el maldito tren descarrile.

Aunque tengamos destinos propios e intransferibles, me consuela saber que podemos acompañarnos hasta que el maldito tren descarrile, porque estar juntos lo desequilibra al dejar todos los demás vagones vacíos.

MUERTE POR AMOR

Un miligramo de amor en las venas espesa la sangre y mueve el suelo. Una vez que lo sientes no lo olvidas, es mortalmente adictivo.

Francis escribía poesías con tiza negra en las paredes, con el rabillo del ojo puesto en el móvil por si la culpable de todo lo hacía vibrar. No sabía nada de ella desde el sábado anterior. Él se preguntaba si había hecho algo mal, si había dicho algo inadecuado, si ella no sentía la necesidad de escribir poemas en las cortinas.

Francis se movía entre el deseo enajenado y el comportamiento decoroso. Entre llamarla a gritos o mantener una silenciosa dignidad. Entre arrastrarse como un gusano enamorado o sobrevolar su corazón latiente como un águila imperial.

Pasaron tres días más, cargados de incertidumbre en los que ni la comida, ni el sueño, ni ella, hicieron acto de presencia.

Al cuarto día vio en las noticias un terrible accidente donde un coche retorcido contenía sangre espesa y totalmente derramada. Dijeron que fue por un despiste al querer hacer una llamada con el móvil sin dejar de conducir.

jueves, 17 de marzo de 2011

ESCAPAR AL DAÑO

Hay quien vive con un puñal clavado. La costumbre le atenúa el dolor y entonces el metal es el tallo de una flor con las raíces derramadas en lo más profundo del pecho. Pero es molesto arrastrar la pena encendida, oculta, extensa. Y desea repararla sabiendo que carece del remedio.

Hay quien solo puede sentir placer huyendo del daño.

Sus manos tienen huesos desnudos por dedos de tanto frotar la herida. Igual como un rodillo de lija decapa la pintura vieja de un mueble inservible.

Necesita huir del daño para sentir algo parecido al placer.

Un camino retorcido y angosto está por recorrer. Y lo recorre para escapar, aunque a cada paso el puñal entra más y más en la carne, en las letras de su nombre. Nota una ligera punción en su espalda. Acaba de traspasarle y no mira atrás, sigue adelante, huyendo. Y no es cobarde quien se ausenta buscando jardines donde sólo hay sepulturas.

HERMOSO MUNDO DESTRUIDO

Una nube tóxica envuelve el planeta como un papel de regalo. Colores fosforescentes hacen del cielo un bello paisaje infernal. Dios nos dejó hace tiempo y sus apóstoles deambulan por la tierra como perros sin dueño. Los ángeles tienen las alas rotas desde que perdieron las elecciones del sufragio universal y se esconden por entre las dunas del desierto, asustados y temblorosos como lagartijas huérfanas. Ya no vuelan, escarban fosas. Mefistófeles veranea en las cálidas costas mediterráneas. Toma un martini seco en uno de los chiringuitos que ha abierto por un traspaso de risa. No todo está perdido. Jesucristo ha vuelto a reencarnarse para intentar salvar a la vencida humanidad, cual superhéroe solitario. Le toca comerse el marrón al mismo de siempre. Tiene horribles cicatrices de la anterior salvación, pero nadie duda de que hará lo que esté en su mano. No todo está perdido si su paciencia no quedó hace siglos agotada.