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jueves, 21 de abril de 2011

EL PRÓXIMO LLANTO

De lágrimas estamos rodeados, cayendo como gotas de tormenta en el escenario de una película de bajo presupuesto.

Aunque nos sepamos el guión de carrerilla, nos seguimos desmoronando en la próxima escena, repetida mil veces.

Estar alerta no nos ayuda, seguimos lagrimeando como gusanos de muertos recientes.

Viene la escena del llanto y los ojos se humedecen por la alergia, por el recuerdo o por la inevitable debilidad. Un millón de motivos deberían ser suficientes, pero nos basta con uno.

Las estrellas fugaces son lágrimas resbalando por el pómulo de cualquier cara. Si caen es porque deben caer. Estamos solos y acumulamos soledad. Y aun cuando alguien diga "Corten", sabemos que la ficción nos supera. Ni el Dios más misericordioso nos salva de la humedad en los ojos.

La lluvia es simplemente lágrimas en el cielo.

La película sangra cuando llega la escena del llanto y enmudece la sala oscura, donde las palomitas saladas revientan en las bocas mínimas de un público triste, real.

Al salir buscamos hombros donde apoyar nuestra tristeza, y si hay suerte, encontraremos en alguien la suave humedad que nos rodea.

MONTAÑAS METÁLICAS (Dedicado a Chusi)

Metal derramado en las cumbres, como nieve gris perpetua.

Hierro que impone su dureza, como su presencia: limpia, silenciosa y enraizada.

De calma razón y loca alegría. Piel delicada, nervio duro, corazón de fuego.

Cuerpo concentrado capaz de regalar vida nueva, como nieve blanca perpetua.

Imponente cuando da y cuando defiende. A mi me impone y me defiende, así la veo.

Si sale, bebe. Si no sale, no necesita beber.

Han caído copos de hierro en la montaña y su mirada los convierte en bolas de mercurio cual desusado termómetro roto caído al suelo tras marcar la fiebre.

Chusi es una borrasca azotando una cordillera. También es una humilde brisa al borde de una playa.

Yo soy una sima, una grieta con metal derramado. Y brillo gracias a su amistad de hierro.

Su hermana me depositó en una montaña metálica, con la cumbre de nieve gris eterna.

De Chusi es esta canción, la idea y mi agradecida amistad metálica derramada, como nieve gris perpetua.

lunes, 18 de abril de 2011

FANGO Y ROCA

Cuando he perdido el hilo necesito creer que me queda la aguja.

Cuando he metido la pata necesito creer que el camal sigue ahí.

Cuando he perdido la pista sería agradable saber que sólo es la de baile.

Soy de cristal y cuando me rompo me gustaría no ser un espejo.

Estoy hecho de acordes rotos, frágiles y malsonantes. Pero si sueno para alguien, me consuelo.

Es de noche porque el día se escapó.

Cuando miento necesito creer que me queda la verdad.

El negro es mi color, pero siempre busqué estrellas.

No encuentro el cielo en mí, pero está en ella.

Ella es el hilo, la pierna, la danza, el reflejo, la canción perfecta, la mañana, lo cierto, la galaxia que me golpea todas y cada una de las noches.

Soy de arena y agua, o lo que es lo mismo: soy barro. Pero cerca de ella soy estatua de la más dura piedra.

Cuando pienso en la suerte que he tenido, no me lo creo.

Perdeos toda la noche para que alguien os encuentre.


EL FINAL DEBERÍA ESPERAR

La ruta no se dirige, se establece de antemano.

Si has nacido debes morir.

El camino tortuoso reclama pasos torcidos y las almas caen por la pendiente del dolor.

No reclames tus derechos, te serán denegados.

Lo inevitable no se esquiva, se determina.

Si despiertas debes haber dormido.

Hay quien hace autoestop en carreteras secundarias, mientras los vehículos pasan ignorando el pulgar en alto.

El caos no se ordena, se sufre.

Avanzar es agotar el tiempo disponible.

Hay quien cree que será más de lo que es.

Los rayos de una tormenta descansarán en las raíces de un ciprés plantado a la entrada de un cementerio.

Mientras tanto, los nacientes combatimos a los moribundos que seremos con la delgada esperanza de alargar el final, meses, días, horas, segundos.

Es una mierda quedar en nada.

El final no se detiene, pero debería esperar.