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viernes, 16 de diciembre de 2011

PERRA VIDA

Ha llegado un extraño propietario a este cúmulo de escombros.

De imponente envergadura, venas marcadas y recia sonrisa. Nada parece importarle, habla de cualquier cosa, apenas se tiene en pie y aun así está en lucha. Mantiene la mirada alta, el puño encarcelado y el corazón tierno. Enfrente tiene la más perra de las vidas, pero su arma oculta munición suficiente para vencerla.

No le preguntes nada inapropiado, podría fulminarte con su encallecida mirada.

Muy de joven tuvo un sueño, lo cogió por las pelotas y lo obligó a cumplirse.

Su mejor vestido son unas botas excéntricas, un sombrero de doble ala y un pasado tan duro como el desprecio.

Si Jesucristo tuviera una segunda oportunidad elegiría la piel de este humano polvoriento para hacer su trabajo. Hace más de dos siglos que comprendió la trampa de esta perra vida.

Ha llegado un extraño con un motor en la cabeza, una navaja en la lengua, un corazón inflamado y un espíritu a prueba de bombas.

Su abrazo te rompe los huesos, pero a cambio te da dulzura y ardor para poder combatir sobradamente esta perra vida.


viernes, 9 de diciembre de 2011

AZÚCAR HELADO

Enero siempre fue un mes helado, como la miel olvidada en los labios del fracaso.

Una mariposa revolotea sobre un mundo deshecho, moribundo, banal. El aleteo es imperceptible y desencantado.

El invierno expulsa la llama, el sonrojo, la definición, el canto.

La vejez se agazapa en una clínica de estética y el nicho estira el morro relamiéndose, festejando la llegada de su inminente inquilino.

Un muerto azucarado, un caramelo de hielo.

El paladar es un pórtico por donde se escapa el alma.

Los senderos confluyen en una vía muerta cuando los pasos son sólo huellas.

Baratijas en venta sin comprador.

Despojos y jirones, huesos sin carne, llamaradas en la Antártida, cubitos de gin-tónic en un Sáhara de gránulos de azúcar.

El rocío resbala por la ventana de una pastelería como el caramelo líquido por un flan reseco.

El viento del norte acabará apagando las velas de todos los cumpleaños, por ello sigue siendo rentable comerse el pastel antes de pagarlo.



viernes, 2 de diciembre de 2011

SUCIO AMOR SUSPENDIDO

Temblando te espero

perdido en un deseo insano

devorado por ascuas ancestrales

aniquilado por mi frágil descomposición.


El tiempo sobrepasa cualquier esfuerzo

segundos con azul latido

cadenas de plata difunta

vapor de agua estancada

lago de putrefacción.


Raro amor maldito

dulce inmolación bajo un olivo estéril

sombra harapienta de fatigado lecho.


Se eleva el deseo por entre mis escombros

haciéndose paso pese a todo.


Tu cuerda lanzada hacia el vacío

extiende mi sucio amor suspendido.

jueves, 24 de noviembre de 2011

CASINO ROYALE

La sala de juego acumulaba más grasa y dejadez que la cocina de un restaurante embargado, fósil de una plenitud caduca.

El jukebox ardía con los éxitos del setenta y dos, más que nada porque desde entonces el gasto en música fue cero.

El bar del casino tiraba de estock, puliéndose las cajas de Ricard y de Vat 69 que, como un ejército dormido, hacían guardia silente en el almacén; polvorín de polvo y grados.

El color del chaleco del croupier apenas se podía adivinar, tanto como su nómina prácticamente inexistente, pero seguía en su puesto. No tenía nada mejor que hacer. Era un romántico melómano.

Del montón de chicas, contratadas por la empresa como gancho, exuberantes y glamurosas de entonces, quedaban cuatro putas y dos madames.

El servicio de señoras, del mejor pavimento marmóreo, servía para ensayar con los dados trucados. Se quedaban tiesos y pegados; uno enseñaba el seis y el otro el uno; siempre. Menos cuando rodaban de veras por la mesa de juego. Y los clientes, más pálidos que un downlight lleno de insectos, hacían muecas al perder cuando tiraban los dados con la muñeca desganada.


Tengo la muñeca abierta, el bolsillo vacío, la piel blanquecina y palomas picoteando el hígado, pero visto lo visto, prefiero refugiarme en el Casino Royale. Soy un romántico melómano.

¡Hagan juego!, mientras los Rolling nos engrasan las orejas.