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jueves, 21 de junio de 2012

EL FUEGO Y LA ESPÁTULA



Fundido a ti por tu calor desprendido, ni el sol me hace sombra. Soy de oro adhesivo, de queso en horno, de plastilina en un río de lava.
Pegado a ti por tu luminosa gravedad. 
Necesitarás una espátula para librarte de mi.
Si sales a comprar zapatos, me encontrarás en la tienda y te ofreceré los que elijas a precio de saldo.
Si vas a cualquier sitio, yo habré llegado antes y con una sonrisa te preguntaré si deseas algo.
Soy magma expandido, aceite para freiduría, ardor nuclear, cañón de foco, palpitante cera depilatoria, mosquito aplastado en tu piel.
Necesitarás una espátula para despegar mi entrega.
Todas las mañanas encontrarás el café hecho y el pan recién traído. Lo tostaré con solo tocarlo. El agua de la ducha quizá te queme, aunque hayan pasado horas desde que yo la haya utilizado. No es mi culpa, es la tuya.
Siempre será verano, infierno casi.
Pero, si necesitas una espátula para librarte de mi, no tienes que buscar lejos. Es tu lengua. Tu voz. Combinadas para pronunciar un simple NO: convertirás mi fuego pegajoso en un leve vapor desprendido sin más rastro que un agradable frescor.


viernes, 15 de junio de 2012

MUERTE SALVAJE



 Vive tranquilo esperando una muerte salvaje. 

No hay muertes relajadas, todas son bárbaras. Como bárbaro es quitarte lo que se te dio. 
La muerte vive esperando plácidamente. Sin prisas. Sabiendo con total garantía que la hipoteca será cobrada hasta el último céntimo. Ella es la banca. Tarde o temprano se quedará con todo. Mesa limpia. Bueno, suele dejar unas migajas de luto, si ha dado la casualidad de que alguien te amó.
Seguirá alimentándose de vivos hasta el último nacido. Hasta que no quede ni uno, sea persona, animal o planta. Es lo que tiene ser omnívora. 
Pero llegará el día en que no tenga ni un mísero microbio que echarse a la boca. Y en ese preciso momento sentirá una angustia parecida a la nuestra. Aunque más salvajemente desamparada. Solo le quedará tragarse a si misma. No le quedará otra. Podrá hacerlo de una manera digna, sin llanto, con aceptación. 
O puede que le entre el pánico y llore como una mocosa desposeída de sus juguetes, aferrándose a la idea de que morir es salvaje, injusto y antinatural.

Me consuela pensar que alguien como "Ella" acabará como yo.


jueves, 7 de junio de 2012

CIUDADES DE ASFALTO MOJADO



El asfalto mojado embellece la ciudad nocturna cuando las luces rebotan en él y se evaporan hacia las azoteas como burbujas de papel de aluminio. Las ruedas de un taxi salpican estrellas vaporizadas. Los ocupantes ríen de camino a la fiesta cuando la noche asoma. La música sube de volumen como la ebriedad del deseo. Un turista despistado entra en un club de alterne y pide paella. Un pintor callejero consigue su mejor obra cuando la llovizna resbala por el lienzo mezclando los colores al agua. Unos enamorados detienen el tráfico en un paso de peatones con tan solo un beso. Cae confeti desde un impreciso balcón mientras los claxon marcan el ritmo de la celebración. Un policía aplicado pone una multa en el todo terreno del alcalde a la puerta de un salón de masajes. Las casas se vacían para llenar bares. La barbarie se humaniza esta noche teniendo por tanto su mejor día. Todo los dientes se muestran bajo las sonrisas. Los ceños fruncidos se estiran hasta desaparecer.  
La ciudad se detiene atrapando el brillo de sus luces y el júbilo de todas sus almas, dejando al amanecer una instantánea de taciturna fugacidad.

jueves, 31 de mayo de 2012

HERMOSO Y HORRIBLE



Lo que al principio puede resultar hermoso, puede acabar horrible.
Si empieza horrible, acabará peor.
Hay huecos para el milagro, pero son tan pequeños que pasarán inadvertidos. Hay que darles una oportunidad para que ocurran. Lo normal es que se escapen ante nuestras narices. Se comenta que salimos a dos o tres milagros por persona. Esperar el próximo, una vez perdido alguno, es tarea formidable y lo llaman fe.   
Agotado el cupo del dispendio y seguir expectante, lo llaman fe ciega.
Lo hermoso y lo horrible comparten una "h". Con ella se construyen las dos palabras. Nuestro trabajo consiste en dulcificar el tránsito, en acariciar lo horrible para que llegue a sentirse hermoso, rectificado. 
Desde el mágico instante del nacimiento, bello e inocente, comienza la titánica tarea de impedir la inevitable y fiera descomposición a la que estamos abocados.
Alguien se tatuó en los diez nudillos hamor y hodio. Una posible amputación acertada no justifica el riesgo de cometer un error fatídico. Mejor quedarse con todo, con lo hermoso y con lo horrible.
Descubrir que no somos dioses nos hace humanos.