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viernes, 6 de julio de 2012

TABERNA SOLEDAD


Se levantó tras la enésima caída sabiendo que el próximo paso ocultaba un nuevo tropiezo.
Entró en la taberna acompañado de soledad y fatiga. 
Buscó el final de la barra. Lo suyo, lo que termina, lo que no acaba.
Lleno de sed gastó la cartera con el objeto de saciarla sabiendo que las horas no acaban cuando el picor no se calma solamente con sus manos. 
Un abrazo en venta se acercó. Pero lo dejó correr sabiendo que tras el roce, el vacío sería aun mayor.
Se arrastró moribundo hacia la calle donde le esperaba un sol de justicia.
Un día más tras la nada, otro esfuerzo disparatado, otro calculado revés.
El tiempo pasaba arañándole, despellejando su corazón vencido, invalidando su gastada agenda de hojas muertas.
La tozudez podría ser un handicap, sobre todo cuando el fracaso dibuja un círculo pero, si lo agotas y dejas de buscarlo quizá se rompa y se desperece como una línea recta. Entonces avanzar es obligado. Y lo atrás se quede en el ídem y lo adelante oculte un premio inesperado. O no.
Entró en la taberna para cumplir el rito. 
Salió más borracho que de costumbre. 
Volvió a casa tropezando con su sombra.
Y un compasivo vómito le evitó la próxima resaca.    

jueves, 28 de junio de 2012

ES HORA DE QUE ME VAYA


Nadie ve el momento de la vuelta, allí donde el camino se retuerce y acaba. 
Allí donde la calle expira convirtiéndose en callejón sin salida con grafitis de colores pálidos, mutación de grises casi definitivos.
Atrás quedan los recuerdos en carpetas con imágenes fragmentadas vertidas en cauces de alcantarilla como cenizas lanzadas al cielo de un mar intoxicado y embravecido.
Las esquinas vigilan la mugre. 
Mi frente guarda el tiempo. 
El viaje se agota sin estridencias. Y tus ojos buscan lo que debería haber hecho.
Sigo transitando un mundo extraño y doliente. Del mismo modo la sangre circula en mi.
Me cuelgan arañas tejiendo el fin. 
Casi ya no puedo moverme. Veo con dificultad a través de la red. Aunque el viento fresco agita el paisaje haciéndome creer que la hora de irme no ha llegado todavía. Que son los demás los capullos en peligro.
El camino es largo y duro, preñado de contingencias con regalos de cicuta.
Nadie ve la hora de volver a casa. Ni yo. Aunque sea el único capullo en peligro.
No me veo diciendo adiós con calma y dignidad. Me veo gritando; pusilánime,  ridículo, mientras los que me acompañan y quieren me afean la conducta.

jueves, 21 de junio de 2012

EL FUEGO Y LA ESPÁTULA



Fundido a ti por tu calor desprendido, ni el sol me hace sombra. Soy de oro adhesivo, de queso en horno, de plastilina en un río de lava.
Pegado a ti por tu luminosa gravedad. 
Necesitarás una espátula para librarte de mi.
Si sales a comprar zapatos, me encontrarás en la tienda y te ofreceré los que elijas a precio de saldo.
Si vas a cualquier sitio, yo habré llegado antes y con una sonrisa te preguntaré si deseas algo.
Soy magma expandido, aceite para freiduría, ardor nuclear, cañón de foco, palpitante cera depilatoria, mosquito aplastado en tu piel.
Necesitarás una espátula para despegar mi entrega.
Todas las mañanas encontrarás el café hecho y el pan recién traído. Lo tostaré con solo tocarlo. El agua de la ducha quizá te queme, aunque hayan pasado horas desde que yo la haya utilizado. No es mi culpa, es la tuya.
Siempre será verano, infierno casi.
Pero, si necesitas una espátula para librarte de mi, no tienes que buscar lejos. Es tu lengua. Tu voz. Combinadas para pronunciar un simple NO: convertirás mi fuego pegajoso en un leve vapor desprendido sin más rastro que un agradable frescor.


viernes, 15 de junio de 2012

MUERTE SALVAJE



 Vive tranquilo esperando una muerte salvaje. 

No hay muertes relajadas, todas son bárbaras. Como bárbaro es quitarte lo que se te dio. 
La muerte vive esperando plácidamente. Sin prisas. Sabiendo con total garantía que la hipoteca será cobrada hasta el último céntimo. Ella es la banca. Tarde o temprano se quedará con todo. Mesa limpia. Bueno, suele dejar unas migajas de luto, si ha dado la casualidad de que alguien te amó.
Seguirá alimentándose de vivos hasta el último nacido. Hasta que no quede ni uno, sea persona, animal o planta. Es lo que tiene ser omnívora. 
Pero llegará el día en que no tenga ni un mísero microbio que echarse a la boca. Y en ese preciso momento sentirá una angustia parecida a la nuestra. Aunque más salvajemente desamparada. Solo le quedará tragarse a si misma. No le quedará otra. Podrá hacerlo de una manera digna, sin llanto, con aceptación. 
O puede que le entre el pánico y llore como una mocosa desposeída de sus juguetes, aferrándose a la idea de que morir es salvaje, injusto y antinatural.

Me consuela pensar que alguien como "Ella" acabará como yo.