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viernes, 10 de octubre de 2014

AIRE


Entre la costumbre y la desazón se cuela un viento raro, capaz de dirigir voluntades, almas y deseos. La cotidianidad es una bola de plastilina en manos de un bailarín mutilado, indeciso y caprichoso. Al aire no se le puede pedir consistencia. A la locura no se le puede pedir sensatez. Y a mí, no me pidas nada. Soy aire de un viento extraño, inconsistente y arbitrario, danzarín sin coreografía ni compás.
El cielo es un huerto de nubes. El infierno, una fábrica de humo. Y yo, no sé lo que soy. Entre la burbuja y su explosión hay un vacilante aire incapaz de saber si es punzón o relleno. A la suerte le falta decisión. A la desgracia también, pero menos.
El aire es el arte de la improvisación. Vuela aburrido sin sentirse culpable cuando daña, ni orgulloso cuando beneficia. El aire es, simplemente, un niño con ganas de jugar. Yo también. Llámame inmaduro, mas no me busques donde no me puedes encontrar. Y, sobre todo, no me busques si alguna vez me perdiste.

viernes, 3 de octubre de 2014

CREER EN TODO


Llegados a este punto el corazón cruje como una cáscara madura y lanza un tenue grito de capitulación ante el paso de un tiempo implacable, tan impetuoso como feroz. La corriente desbordada lleva entre sus húmedas líneas un huracán de finalización. Por ese cauce, crédulos e inconscientes navegamos hasta que el mar nos atomiza con su inmensidad y un golpe de calor nos vuelve azules al devolvernos al cielo donde no hay lugar a lamentaciones. Esta es la forma de irnos sin más, ajena a preguntas retóricas, sin opción a correcciones, como temblorosos dibujos en la arena de una playa, todos a punto de desaparecer con la próxima ola.
Cuando no quedan oportunidades se empieza a creer en lo increíble, en lo inaudito, en las fórmulas incompletas y en lo carente de razón. Cuando se descubre que todo va a terminar entran unas inmensas ganas de empezar de nuevo. Y suele ser demasiado tarde. A no ser que el descubrimiento de la rueda lo hayas hecho antes de andar y, si así ha sido, llegarás al final del camino sin apenas cansancio, pletórico de liviandad.
Esto es, simplemente, el consejo de un incrédulo.

viernes, 26 de septiembre de 2014

SEGUIR VIVO ES LA CLAVE


A fuerza de envejecer la pasión por vivir se inflama como corazones rotos juveniles deseando recomponerse para esperar la próxima destrucción. Cuando una tras otra las guerras te vapulean y derrotan llega el momento de alzar la púrpura cabeza inflamada con la dignidad del superviviente para esperar el próximo golpe. Todo cambia menos la clave: seguir vivo. Hace falta toda una vida para descifrarla. Y cuando lo consigues, te vas. Sería bonito rebañar un poco de tiempo más, un día más del tamaño de la eternidad. Desde el principio hasta el final hay una tienda de pinturas con todos los colores del sueño dispuestos en perfecta formación en los estantes a la espera de ser elegidos y combinados según la destreza y fortuna de cada dueño. La equivocación no empeora la mezcla si tienes capacidad de aprendizaje. Vagar por entre la ruina ofrece la oportunidad de corrección como la caída invita a levantarse o el desamor brinda corazones robustecidos si un día más lo permite. Uno más es suficiente si se da con la tecla. Maravillarse con todo, segundo a segundo. Enconarse en la vida por perra que sea. Asombrarse cuando te quieran. El resto no importa.

jueves, 12 de junio de 2014

ESCAPANDO


Para escapar de la muerte solo hay un camino: ir hacia ella. Cuanto antes la encuentres, antes dejará de perseguirte.
Vivimos acuciados por la disolución, el desamparo y la agonía. Somos caramelos de luz en el infantil patio de la penumbra. Urge huir del instante, fosilizar los mares y cumplir el ciclo. Por entre las brasas circula la próxima regeneración. Vamos con la cabeza gacha y con el culo por delante. No hay vuelta atrás. Consumimos el futuro como si no existiera el presente. La serenidad se torna estampida y el sosiego agitación. Para escapar de las llamas solo se necesita arder, para seguir en el tumulto solo se necesita soledad y para contravenir la quietud solo hace falta inmovilismo.
El gran Houdini sentó las bases de la vida: jugar con ella, a riesgo de perderla. Hizo del escapismo un arte de la realidad. Comprendió que para liberarse debía rodearse de cadenas.
Vivimos escapando desde el principio, alimentando piedras, soñando finales ilusos, ignorando al cielo.
Para abrazar a la muerte solo hay una condición: llegar vivo.