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jueves, 11 de enero de 2018

CADA PAÍS ES COMO UNA FAMILIA


A lo que pertenecemos se precisa distinguir lo que nos pertenece. Coger y dejar sin miedo. Amar y odiar valientemente derramando generosidad con lo primero y tacañear dulcemente con lo segundo. La losa es pesada y urgente, devastadora como el rechazo, hiriente como la traición. Somos lo que somos por lo que nos conforma, por lo que decidimos pelear, por lo que nos vence, por lo que nos sacrificamos o por lo que nos rendimos. Hay que propagar la duda y encerrar la certeza en el más profundo olvido. Hay que cuestionarse cada idea, cada desliz, cada acto, cada empuje que no reconozcamos como propio. La familia es solo un punto de partida, un accidente sin previo aviso, una flecha lanzada sin blanco al que acertar. Y se puede corregir la dirección. No es fácil. No, no lo es. De inútiles esfuerzos está lleno el fracaso. La tarea es ingente, inhumana. Es un misterio como se puede amar un país al que odias, encariñarse con la familia de la que quieres huir. Es cuestión de deseo. O de fe. Hay cosas que no es cuestión de comprender. En la esquina más inmunda del mundo siempre hay alguien que perfuma con su inocencia tamaño vertedero, que ama al país que lo desprecia, que suspira por la familia que le repudió. Se tiene patria y familia, aunque se reduzca a la extensión de la piel y al fluido carmesí que propulsa un corazón amable. Lo milagroso y lo vulgar se entrelaza con pasmosa naturalidad. De hecho, no podemos ser nosotros mismos como país o familia sin los demás, absolutamente todos los demás. Los demás y los de menos.

sábado, 30 de diciembre de 2017

BAILANDO ENCIMA DE UN CABALLO (A Pablo el amazono)


Hay personas que son capaces de bailar encima de un caballo o de un ferrocarril sin vías. Tienen la extraña facilidad de sacar ritmo a una procesión de quietos, a una fila de beatas esperando la confesión o a una sala de espera en un gabinete experto en divorcios. Tienen la asombrosa cualidad de dotar de color cualquier dibujo al carboncillo, de hacer saltar a las lombrices o de quitar hierro a la peor metedura de patas. Son escasos los casos en los que te los cruzas, se diría que nadie los ha visto, pero existen. La oportunidad de verlos es tan ínfima como encontrar un político honesto en activo. Hay gente que está hecha para el baile y otra no. Hay pistas de baile, llenas de torpes bailarines, deseando que acabe la música y la bebida cuanto antes. Pero cuando aparece un bailarín adecuado en medio del caos, hasta al más inepto lo convierte en aceptable, hasta la locomoción más sin sentido parece tenerlo y todo cambia. Hay personas que hacen a las otras sentirse mejor y es difícil de creer. Es difícil creer que pueda haber alguien capaz de bailar encima de un caballo, quizá solo sea un rumor en una sórdida esquina, una ilusa aspiración en medio de una tediosa realidad, una necesaria mentira para zombis pusilánimes. Es como quien dice haber visto un ovni y no estar loco.
El otro día vi un hombre bailando encima de un caballo. Doy fe.  

domingo, 24 de diciembre de 2017

TE ELIJO CADA DÍA


Los libros rebosan mis estanterías derramándose hasta el suelo con sus palabras cargadas de sabiduría, tiempo y polvo. Siempre pensé que era todo lo que tenía, que era mi repertorio de riqueza, que no necesitaba nada más. Lo peor de fingir estar lleno es ignorar el crujir de tripas vacías y darle una equivocada procedencia.                 
Mi corazón, tan maduro como una orgullosa semilla sin capacidad de germinar por sí sola, latía como un mal monólogo sin aprender. Lo peor de no oír aplausos tras la actuación es creer que no los necesitas, que la audiencia no está a tu altura.
La estupidez del hombre se completa al pensar que el amor es un falso instrumento en medio de una banda militar sonando junto a los cañones de la verdadera guerra diaria. Por entre los cadáveres crecen las más épicas historias, los más inesperados finales. Benditas mentiras que alivian soledad y dolor.
Un día te dejaste elegir y desde entonces juntos hemos encarado las empinadas cuestas del descenso, los sombríos caminos de la pérdida y las verdades más ardientes. A tu lado, mis libros callan, mi corazón es puro temblor multiplicado y mi estupidez parece abandonarme sin nostalgia.
Si pudiera volver a vivir, en la infinidad del bucle, te elijo.    

jueves, 30 de noviembre de 2017

DENTRO Y FUERA DE LA LEY


Las mujeres y los hombres no pierden la dignidad por estar fuera de la ley. Los de dentro se cuidan muy mucho de mostrar los pasos dados fuera de ella. A los de fuera no les importa no vanagloriarse de los pasos que dan dentro. Las barreras se mueven al antojo de los que las escriben, no respetan y ejecutan. Nadie ha podido invertir la pirámide. Y si lo intentas, te aplasta. Dicen que los jueces en algún momento fueron inocentes. Sería cuando sus togas olían a papilla y a sus palabras le faltaban letras.
Se oyen candados cerrándose mientras sus llaves se alejan como amantes ocasionales que con rapidez se olvidan. Se oyen disparos en libertad descerrajando carnes de cañón. Alguien tiene que pagar las deudas contraídas. Quien hace la ley se sabe las trampas. El invierno está al caer sobre los condenados y la fianza no hay quien la pague. El verano no acaba en los paraísos fiscales donde hacen su agosto legales ciudadanos de mangas anchas y corta virtud. Dicen que vale más una mentira bien contada que una verdad a secas. Puede ser verdad, no lo niego, pero tiene que ser tan deslumbrante que, el estar fuera de la ley, sea una mera anécdota.
Juntados en el exilio, permaneceremos. Divididos, caeremos.
La ley divide, el orden ordena y la falta de juicio nos condena.