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sábado, 14 de mayo de 2011

CEJAS PINTADAS CON CARBÓN

Más que libertad entre las cejas tenemos disparos en la sien.

Somos más zombies que seres vivientes.

Las manos no sirven para sujetar nuestras vidas. Vidas como agua escapando de los puños. Puños encallecidos, débiles, sin hueso.

Bajo las cejas, cuencas vacías.

Bajo el pecho, vientres podridos, sobrealimentados pero hambrientos.

Calzado de marca para pies encadenados.

Cuentas corrientes abultadas para pagar funerales suntuosos.

Somos liberales, no libres. Los libres son dos y no muchos más.

La libertad no se encuentra entre petulantes cejas depiladas.

Somos leños que no producen música, sólo humo y ceniza para un carbón futuro. Carbón que se convertirá en petróleo para ser extraído y usado por la gente venidera tan idiota como la actual, con las cejas huérfanas de libertad.

Apuesto a que así será.

CAMAS DESHECHAS

Fotogramas veloces de cuerpos desnudos entrando y saliendo de camas sin hacer.

Luces rápidas de amaneceres fusionados con colores de días que acaban.

Las sábanas son cortinas rojas de un teatro íntimo que suben y bajan con el desarrollo de húmedos sueños. Calentura, sudor, éxtasis y calma.

Brazos entrelazados enfermos de amor. Bendita enfermedad.

Rozamientos imposibles, visiones lejanas, creciendo como pasteles en el horno.

Bultos irreconocibles en una noria donde tú soy yo y yo tú.

Los ojos brillantes son armas definitivas que aniquilan dudas y soledades instantáneamente, como rayos láser reproduciendo música emocionante. Benditos rayos lectores.

Prefiero camas deshechas a lechos de exposición. Prefiero almohadones manchados de rímel a fríos cojines impolutos.

En invierno, la colcha es la tapa dura de un libro de Ovidio. Las sábanas son sus páginas que prefiero amarilleadas por la luz y el uso.

La película termina en dos suspiros y los créditos se desvanecen suavemente cuando el sueño apaga las luces.

jueves, 28 de abril de 2011

SIN RUTA TRAZADA

El viento nos da en la cara y envejecemos.

El puente se traga el automóvil y oscurece.

Nos miramos haciendo medias lunas con los labios porque no sabemos donde vamos. Al cambiar de marcha nos tocamos ligeramente y sonreímos por dentro, embriagados de excitación. Da todo bastante igual, si queda algo de gasolina y algo de amor. Hay quien circula con el depósito lleno y el corazón deshabitado. Es circunstancial y cíclico. No es un drama quedarse tirado en la carretera por uno u otro motivo, siempre te puede recoger alguien y vuelta a empezar.

La sorpresa te pilla si o si, con planes o sin ellos. Lo malo es que la sorpresa es una moneda con dos caras opuestas: la buena y la mala.

Yo, prefiero tirar la moneda por la ventanilla con el coche en marcha y que sea otro el que averigüe el resultado. Así decido yo mi suerte.

Está en tus manos también. Si le robas el poder a la fortuna, es toda tuya.

Las curvas nos doblan y empequeñecemos.

Las cuestas empinadas nos agotan.

No obstante, si sentimos la fuerza del motor en una pluma que se deja mecer por todos los vientos pero no se doblega a uno solo, llegaremos sanos y salvos al final de la vida.

EL FUEGO Y LA SOTANA

Acurrucado en un rincón se tapaba las tiernas orejas cuando oía los pasos de arena acercándose por el largo, frío y oscuro pasillo del internado. La humedad podía evaporarse aun faltando el calor. La luz llegaba solamente a través de rezos intermitentes a lo largo de días en bucle, más iguales los siguientes que los anteriores, más ásperos los venideros que los pasados.

El religioso no perdonaba una siesta. Y esa era la hora en que arrastraba sus delicados pies de santo por el largo, frío y oscuro pasillo.

El aprendiz había perdido la fe una tarde de cuaresma con verdadera facilidad y se preguntaba si no era digno hijo de Dios; si sentir miedo, furia y confusión le acercaba al ángel negro. Sentía una mezcla explosiva en su corazón, ardía de odio y asco. ¿Había abandonado él a Dios o había sido abandonado por Él?

Mientras, las tardes pasaban pegajosas, hediondas, sin luz de paraíso alguno.

El niño creció habiendo visto la luz a través del fuego.

Y se hizo hombre deseando con todas sus fuerzas que el portador de la sotana estuviera acurrucado eternamente en los pasillos de un infierno en el que ya no creía.