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viernes, 4 de noviembre de 2011

MALETAS PERDIDAS

Por el camino dejamos fracasos, pellejos y llanto.

Historias imposibles, vagos recuerdos y despedidas de ácido aliento.

La maleta siempre preparada para un adiós, sobre todo cuando llega un nuevo hola.

Un pijama plegado, un cepillo de dientes sin estrenar, una carta sin abrir, dos pares de calcetines con la goma insuficiente para besar la rodilla, el mejor abrigo para la próxima nevada y un botellín de licor mal destilado para el consuelo.

Conozco las caras de todos, aunque sea de vista, en este andén plagado de viajeros aferrados a sus maletas de idéntico contenido. No nos saludamos porque nadie se enorgullece de no tener billete, de ir hacia ningún lugar, de sonreír con profunda tristeza, de vivir moribundos, de tener idéntica la maleta, idéntica el alma.

Hemos perdido las maletas antes de prepararlas como quien juega al solitario sin cartas, como quien da su palabra sin tenerla.

Es macabro, cruel y morboso deshacer la maleta cuando está vacía.

Para poder continuar necesitamos poner una reclamación por la pérdida de maletas para justificar la derrota que impone la inamovilidad, la torpeza o el cansancio.

Agotados de nosotros mismos, nos marchamos dejando un rastro impreciso de vinagre, ausencia y llanto.

CAMBIOS

Cuando es el momento de decir adiós?

realmente estamos preparados para un cambio?


Cuando cierras un capitulo en tu vida, borras todo... aun cuando este fue el mejor que hayas tenido?, digo, he sabido y me han contado de casos en que todo esta en contra y es mejor olvidarlos y dejarlos en el pasado, pero cuando es algo bello?... algo que te duele dejarlo por que es necesario... como olvidas eso?, solo borrón y cuenta nueva?, si, los amores pasados son muy bellos... cada uno tiene algo especial, algo que los marca para toda tu vida y si... todos tenemos miedo a veces de que se vaya y hacemos nuestro mejor esfuerzo para conservarlo, pero, a pesar de todo, es necesario dejarlo, como tomarlo, como afrontar lo que pasa?


Estoy en una época de cambios y creo que cada paso que doy esta bien, estoy de acuerdo con ello, pero duele... duele hacerse fuerte... duele dejar atrás cosas que amas... y mas duele pretender que nada paso, pero es necesario para estar bien, aprender de nuestros errores y mejorar nuestro futuro.


pues poco a poco y la luz sale de la nube después de la tormenta...


Texto de Pepa Ruiz

jueves, 20 de octubre de 2011

EL HOMBRE DE VERDAD

El olfato está en la polla, la sensibilidad en los cojones.

Desbordao de testosterona aniquila la perfumada civilización.

Qué gallardo este hombre cumpliendo todas las fases del seductor redomado.

Figura inamovible, pescao de agua estancá.

Pecho palomo, cintura de muelle que salta al paso de cualquier falda por larga y tupida que sea.

Poder luminoso necesitado de recipientes para sus pies hechos patadas.

Qué derroche de material en venta, de músculo ardiente buscando pasarelas.

Ojos inyectados en semen, manos como moldes para tetazas y tarjetas de crédito para marcar ganado.

El amor es así. Este hombre es así.

Palabras usurpadas envueltas en aceite de saliva dichas muy cerca de la oreja, irresistible humedad.

Piernas fuertes para soportar de pie el asalto a toda carne multiorgásmica.

El espejo de su baño es la primera doncella del día que sucumbe a sus encantos, no le devuelve la imagen, se la traga con unos gemidos como de cristales fundidos, soplados. Así es un día del hombre de verdad, repartiendo amor a diestro y siniestro.

Y al llegar a casa, después de un día agotador, nuestro hombre prefiere la diestra, su diestra, porque mal hombre es, aquel que no se quiere a sí mismo.

DE VUELTA


Para volver hace falta haberse ido,uno tiene que estar muerto para nacer.

Sin embargo, para sufrir se necesita cualquier ínfima cosa.

Para correr hacen falta un par de piernas en la imaginación:

La maleta preparada, deshecha tras un viaje lleno de fronteras. Cuños en el pasaporte, arañazos en la piel, detenciones inesperadas.

Si te dejan entrar, es que ya te han echado hace tiempo.

Una suave caricia en enero se puede convertir en una llaga purulenta en diciembre.

La estación está llena de cadáveres abandonados, unos por haber perdido el tren y otros por haber agotado los viajes.

La tormenta nos deja con una promesa: volveré.

La noche muere asaeteada por un incipiente amanecer y se puede leer en sus labios sus últimas palabras: esto no acaba aquí, dame tiempo...

Nunca se aprende lo suficiente aunque estés de vuelta, porque esto no es una raya continua, es un maldito círculo bello y perfecto.

Para saber dónde te encuentras sólo necesitas averiguar dónde están los demás.

De vuelta no está nadie.