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jueves, 8 de agosto de 2013

LA LEY INGRATA (y VI)



Nada podrá conmigo si me veo amado de ella. La condena no será nada.
El miedo no tendrá que ver conmigo. Humo seré, ensoñación para cualquier fuego, para cualquier demonio de los nueve círculos del infierno. Escaparé del grito en el horror para depositarme en el eco dulce del chasquido tras el orgasmo. Compondré una última coda a base de silencios. Su amor rozándome convertirá mi enraizada cobardía en briosa determinación. Etéreo y profundo pasado seré para el arqueólogo más avispado. Humo feliz que se escapa tras el incendio. Seré transparente si me siento amado de ella. Humo de otra realidad al verme amado. Consentiré en perder la vida mañana, hoy incluso. Y si ello ocurre, la Ley Ingrata, tan presente para todos, no podrá conmigo ni hoy ni nunca.

viernes, 2 de agosto de 2013

LA LEY INGRATA V



Andar sobre una alfombra no es andar. Hace falta notar las piedras, no el pelo.
El yeti busca al hombre que fue, por ti. Por entre la nieve rebusca como un loco tus huellas invisibles. La realidad rehuye hasta de su propia existencia. El peso es insufrible, demoledor. Agazapado en las altas montañas percibe la huraña presencia de la humanidad. Decidió esconderse cuando te perdió. Esa amarga realidad le hizo retroceder en la escala evolutiva hasta el llamado eslabón perdido. El hechizo de tu ausencia lo volvió rocoso, lunático. En su realidad transita tu memoria brumosa como una tiránica niebla, eternamente a la fuga. Cuando le dijiste que no, le dejaste en una carretera cortada, almibarada de vacío, con las señales inservibles y el destino suspenso. Mas vale solo que sin ti. La razón se le derritió como la cera se consume por una vibrante llama. El trastornado yeti no ha dejado de andar desde entonces, condenado a buscar un destino inviable, tanto como su realidad de jirones hecha. El amor exento le fulmina la razón y deambula por níveos páramos como hacen las víctimas tras una catástrofe de asimilación imposible. Contigo, el yeti enamorado parecía un encantador peluche; sin ti, parece un horrible corredor sombrío en una maratón a la que le han hurtado la meta, escupiendo a su paso fiebre, dolor y locura. La realidad de tu falta convierte al temido y musculoso yeti en un vulnerable guiñapo, infructuosa masa de absurdidad hasta para el circo menos exigente y escrupuloso. El yeti fue humano cuando soñaba que le querías. Hasta que le dijiste que ya no. Entonces la realidad, de ingrata ley, le devolvió de golpe a su naturaleza de yeti con todo su pelo salvaje. Pelo restituido en su honor al cubrir una bestia libre y no una dependiente anomalía. 

viernes, 26 de julio de 2013

LA LEY INGRATA IV



Me pillas buscando lo valioso que hay en mí. 
Dentro de un rato saldré de la cueva con la respuesta. 
Dificultosa búsqueda donde la luz no llega. Puede que me pierda si no recuerdo por donde entré. Hierros retorcidos jalonan mis sendas como escombros tras choques frontales con los pasajeros momificados. Aquí no llegan los bomberos. La cara se me llena de telarañas al acercarme a algunos rincones abandonados, incluso por las arañas. Oigo crujidos burlones al pisar caracolas vacías. En el estómago encuentro lápidas a medio disolver, huérfanas de muertos. Dicen que venimos de serie con un cielo y con un infierno. He dado ya dos vueltas y el paraíso que me toca parece no haber estado nunca aquí. Cuando salga pondré una denuncia por robo o por estafa. Algo se mueve cerca de lo que parece un antro. Son mis partes blandas quemando papeleras como furibundos manifestantes. Mejor refugiarme en la médula. Aprovecho para coger un nervioso y destartalado ascensor que me lleve a la parte más sensata. Hay ininteligibles voces gritando. Mas bien son gruñidos enloquecedores. Mi memoria miente más que recuerda. La razón me enseña tres cartas encima de un cartón para que elija una. Y la hipófisis me guiña el ojo derecho o el izquierdo indistinguible por un maltrecho maquillaje, a la vez que saca un pecho tan seductor como un pañal usado de la cuarta planta. 
Necesito que me pilles saliendo con la respuesta.
Gracias por haberme guardado lo valioso que hay en mí. 
Se hubiera ensuciado o perdido si me lo hubiera llevado dentro.

jueves, 18 de julio de 2013

LA LEY INGRATA III



Rodeados de un viento furioso nos buscamos como animales en celo. Es la pura ley escrita desde el comienzo. Nadie escapa a su destino. 
Hay matorrales en el salón que nunca antes había visto. Igual llegó la primavera y soy incapaz de notar su calor. Afuera florecen alcornoques, menos yo, siendo el mayor de todos. Quizá necesito salir pero, si no oigo tu llamada, soy incapaz de moverme. Y embobado veo como se me pudren los espermatozoides. Es tan entretenido verlos morir que lo de fuera me es indiferente. A no ser que oiga tu voz y me saque del ensimismamiento de golpe. 
He visto una flor en el sumidero, un gato callejero en el desván, una galleta en el armario. Es un hecho que necesito salir.
El móvil permanece siempre cargándose por si llamas. En llamas permanezco mientras espero. 
Hago planes para la fuga. Tras la estantería de los libros escondo una cucharilla de café con la que estoy haciendo un butrón. Tarde o temprano sacaré la cabeza fuera. Sabré que lo he conseguido cuando me azote el viento furioso, cuando suene el móvil o cuando un gameto mío se revele a la ley ingrata.