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jueves, 22 de agosto de 2013

SON RUMORES



Hablar por hablar calma desasosiegos, debilidades e incertidumbres. Sujeta troncos de raíces podridas. Perfuma los humores en origen.
Dictar rumores con palabras de juez sin conocer el caso es como escupir al aire sin viento. Los rumores se alimentan de pulcras gargantas con los vientres podridos. 
Dicen en un vertedero que alguien sobra. 
Dicen que un comportamiento imprevisible no puede preverse.      
La mentira es una avalancha grandilocuente, la verdad un tímido susurro. 
Quizá mañana el sol resplandezca. Tal vez de los matorrales surja una flor impropia.
Poner el grito en el cielo contra los otros es olvidar el sitio desde donde se profiere.
No hace falta mucha preparación para espolvorear rumores. Tan solo se necesita formar parte del polvo. Y tener la mano floja. 
Señalar imperfecciones a derredor solo sirve para exponer a los focos un dedo necesitado de urgente manicura. 
Que sepas amigo mío, que tan solo hablo por hablar.



jueves, 15 de agosto de 2013

PEQUEÑECES PARA UN MUNDO EMPEQUEÑECIDO



Con una caravana a punto del desguace se puede recorrer veinticinco veces el mundo. La coherencia es evidente: Chatarra pisando Chatarra. Total, el mundo está pidiendo una ITV a gritos. 
El cuenta-kilómetros miente más que cuenta. En la litera duermen chinches del tamaño de humanos. En la cocinilla, las llamas de los infiernillos apenas se sostienen por la falta de oxígeno. Las bisagras de las puertas no chirrían, producen lamentos. La decoración se basa en los cuadros multicolores que aporta la opacidad de las ventanas que, para airear el vehículo, nunca se abren.    
En la ruta hay cruces de caminos en los que se ridiculiza a Satán al caer con su ambiciosa e inocente maldad en innumerables toco-mochos. 
Hay áreas de servicio sin servicio, si exceptuamos los que las putas ofrecen. En las gasolineras los surtidores son rellenables, dan garrafón. Las autopistas están hechas de facineroso asfalto e infladas comisiones de favor. 
Las ciudades son trampas hasta para los agujeros. La atmósfera es una red mutante tan estúpida como tupida. La necedad empequeñece todo cuanto toca.  
El mundo está encogiendo por momentos y llegará el día en el que será tan solo un ínfimo garaje. Ni la mugrosa caravana podrá aparcar en él. 

jueves, 8 de agosto de 2013

LA LEY INGRATA (y VI)



Nada podrá conmigo si me veo amado de ella. La condena no será nada.
El miedo no tendrá que ver conmigo. Humo seré, ensoñación para cualquier fuego, para cualquier demonio de los nueve círculos del infierno. Escaparé del grito en el horror para depositarme en el eco dulce del chasquido tras el orgasmo. Compondré una última coda a base de silencios. Su amor rozándome convertirá mi enraizada cobardía en briosa determinación. Etéreo y profundo pasado seré para el arqueólogo más avispado. Humo feliz que se escapa tras el incendio. Seré transparente si me siento amado de ella. Humo de otra realidad al verme amado. Consentiré en perder la vida mañana, hoy incluso. Y si ello ocurre, la Ley Ingrata, tan presente para todos, no podrá conmigo ni hoy ni nunca.

viernes, 2 de agosto de 2013

LA LEY INGRATA V



Andar sobre una alfombra no es andar. Hace falta notar las piedras, no el pelo.
El yeti busca al hombre que fue, por ti. Por entre la nieve rebusca como un loco tus huellas invisibles. La realidad rehuye hasta de su propia existencia. El peso es insufrible, demoledor. Agazapado en las altas montañas percibe la huraña presencia de la humanidad. Decidió esconderse cuando te perdió. Esa amarga realidad le hizo retroceder en la escala evolutiva hasta el llamado eslabón perdido. El hechizo de tu ausencia lo volvió rocoso, lunático. En su realidad transita tu memoria brumosa como una tiránica niebla, eternamente a la fuga. Cuando le dijiste que no, le dejaste en una carretera cortada, almibarada de vacío, con las señales inservibles y el destino suspenso. Mas vale solo que sin ti. La razón se le derritió como la cera se consume por una vibrante llama. El trastornado yeti no ha dejado de andar desde entonces, condenado a buscar un destino inviable, tanto como su realidad de jirones hecha. El amor exento le fulmina la razón y deambula por níveos páramos como hacen las víctimas tras una catástrofe de asimilación imposible. Contigo, el yeti enamorado parecía un encantador peluche; sin ti, parece un horrible corredor sombrío en una maratón a la que le han hurtado la meta, escupiendo a su paso fiebre, dolor y locura. La realidad de tu falta convierte al temido y musculoso yeti en un vulnerable guiñapo, infructuosa masa de absurdidad hasta para el circo menos exigente y escrupuloso. El yeti fue humano cuando soñaba que le querías. Hasta que le dijiste que ya no. Entonces la realidad, de ingrata ley, le devolvió de golpe a su naturaleza de yeti con todo su pelo salvaje. Pelo restituido en su honor al cubrir una bestia libre y no una dependiente anomalía.