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viernes, 1 de febrero de 2019

TODO ES TRANSITORIO, MENOS AMARTE


Si fracaso en esto, fracaso en todo. Siempre pensé que poner la fe en un amor es como hincar nubes en la tierra o como helar el infierno con alocada convicción. Nada permanece. La ley del cambio fluye e irrumpe con fiereza alrededor nuestro dejándonos huérfanos de poder, convirtiendo la libertad personal en un guiñapo ridículo más parecido a un chiste sin gracia que a un digno logro. Abocados estamos a desaparecer en un ¨pis-pas¨, a no dejar rastro alguno, a ser una acumulada nada. Rugimos sin saber que en el vacío no se puede gritar. Sin saber que lo duradero no está a nuestro alcance. Lo nuevo envejece de forma abrupta. Hay tantos cambios que cualquier intento de adaptación resulta tan baldío como detener la pérdida de juventud con bálsamos, cirugía o vestimenta infantil. Los océanos se secarán, el sol morirá en medio de la noche y el mundo será despedazado sin tiempo para tener una mortaja decente. Todo esto pasará.
Pero me niego. Me niego a ser un realista de mierda. Me niego a dejar que mi amor por ti sea un temblor pasajero. Me niego a pensar que lo que ahora siento forme parte de la inconmensurable y vulgar transitoriedad. Y si para ello tengo que engañarme con falsos ensueños, lo haré. Quizá no te puedo querer realmente, pero nadie podrá decir que, en sueños, te quise. Y como la ilusión está a salvo de la realidad y del tiempo: Te amaré para siempre.     

viernes, 28 de diciembre de 2018

LA PENDIENTE


No te fíes de la visión majestuosa que la juventud ofrece, tan solo es un instante de poder condenado a debilitarse. Toda plenitud incluye decadencia y desaparición. Tampoco desprecies la luz cuando te sobra, cuando te ciega con su traje de lentejuelas bajo un sol de justicia, en menos de que canta un gallo te verás envuelto en sombras lamentando puerilmente la magnitud del apagón. Se termina apreciando lo que falta si al principio se ha despreciado lo que sobra. No es solo cosa de viejos, es cosa de todos y suele ser tarde llegar a comprender cosa tan simple. Cierto es también que no se puede vivir sin intentar olvidar que nada dura eternamente. Pero si tienes la arrogancia por las nubes por ser joven y te cruzas con un anciano, no lo veas como un molesto estorbo, con generosidad te está dando pistas de hacia donde te diriges. Y si le prestas la adecuada atención puede que te enseñe útiles cosas. Alguna vez fue tan necio como tú, pero al llegar más lejos que tu quizá haya tenido tiempo de mejora. Es gracioso pensar que cuando le coges el tranquillo a vivir todo se desmorona y pudre, señalando con sorna la salida. Haz lo que esté en tu mano para aliviar la caída por su pendiente. No le dejes solo. Y reza por encontrar a alguien como tu cuando estés resbalando por la tuya.        

viernes, 16 de noviembre de 2018

UNA REVELACIÓN SIN EFECTO


La otra noche desperté con una suavidad inusitada y me acompañó todo el día una alegre sonrisa que solo yo podía ver. Desarrollaba cualquier cotidiana actividad deslizándome, pisando tierra y cemento como si fueran frescas gominolas de colores, como si la gravedad hubiera perdido parte de su nombre y poder. Me sentía extrañamente purificado, ungido de gracia. Parecía que mi mente, por su cuenta, hubiera clausurado la parcela donde se ubica el cinismo, el hastío y la desilusión. Me sentía nuevamente inquieto, curioso y libre como un niño. Insaciable ante el juego. Invulnerable ante el dolor. Incomprensible ante el tiempo. Y a lo largo del día no pasó nada especial fuera de mí. Hice el mismo tipo de cosas que suelo hacer. Sin más.
Al llegar la noche caí rendido de tanto ejercer de niño. Y antes de entregar la vigilia al sueño, recordé el del día anterior. Estaba en una montaña sin laderas, mirando al cielo nocturno, notando como resbalaba por la comisura de mis labios el hilillo de saliva de esos que confirman un descanso rotundo y feliz. Así se le conoce al sentir con gusto desaparecer. Y cuando casi metadormía, una luz creciente venida de las estrellas me cegó y me dijo sin hablar que no fuera tonto, que tener vida vale la pena y que no la malgastara con estupideces de adulto, tras lo cual se fue apagando hasta que ocurrió lo narrado al principio.

viernes, 5 de octubre de 2018

SIN NACIONALIDAD


Quien no comprende a quien no es comprendido deja de ser uno más para convertirse en uno de menos. Desde las esquinas se planifican los centros y los moldes son patrimonio de quienes los rompieron. La paz solo llega tras la mayor de las guerras y la quietud es el mejor regalo que nos dan los inquietos. Hay personas que, al negarse a obedecer, mandan. Que al no dejarse pertenecer, todo les pertenece. Que al no saber hacia donde se dirigen, pueden llegar a cualquier sitio. Y los demás somos solo fina ¨morralla¨ arrogante de errática dirección, fútil, intrascendente, con la motivación puesta donde el metano nace. La mediocridad no conoce límites y los ocupa todos. Su terquedad es antológica al hacer de su ceguera su mejor arma contra la sensatez, tan extraña ella como escasa. No sabe lo que se pierde. Tal estado de pletórica salud suele dejar los cerebros vacíos y los corazones fosilizados. Digan lo que digan los historiadores, cualquier pueril puñetazo impone su ley sobre la vocalización del poeta al recitar sin dientes sus versos. No es cobardía argumental, es física fundamental. Ya lo pensó Jesucristo en el monte calvario: ¨El mundo será para los indeseables e injustos, pero solo el tiempo justo que dure su paso por la Tierra, del Cielo ya me encargo yo¨. Y se dejó prender sin usar la violencia, al comprender que toda ella le pertenece al odio y así sacrificarse por los cuatro gatos que valían la pena. Y al convertirse en el hombre de ningún sitio, alcanzó reinar eternamente en todos los corazones venideros, aquellos capaces de no latir en soledad. Su acierto fue creer en la humanidad a pesar de apestar como un cadáver, que hasta su padre abandonó. Quien pierde la fe no merece ser adorado. Quien empieza y acaba en sí mismo, no sabe lo que se pierde. Quien ordena y manda, no sabe lo que es obedecer a su conciencia, quizá porque no tiene. Quien hace de la vida su propiedad, ya vendrá la muerte a quitársela. Quien pone límites será el más limitado. Y quien no comprende, no podrá jamás, ejercitar la comprensión.