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jueves, 29 de noviembre de 2012

LA LLEGADA



Trátame con dulzura si llego. 
Decaer no tiene que ser traumático, más que nada por no haber estado nunca arriba. Las escaleras son caminos quebrados en dirección al sótano. 
Trátame bien si rompo la cinta de llegada. Besos y flores. Agua fresca y batín a cuadros. Sonrisas o carcajadas también me valen. 
En ti deposito mi memoria cuando la pierda. Recuerda cuánto te quise. 
Cuando llegue habré triunfado si queda alguien cerca sin suficientes motivos para odiarme. Alguien a quien mis tozudos disparates les sean livianos, simpáticos, inofensivos. De mí depende llegar con posibilidades de que lo anterior se cumpla. Y si mis dientes se caen será por haberlos apretado con fuerza para conseguirlo. 
Unos llegan antes que otros. Y no es lo importante. Otros se quedan como estaban al salir. O peor. Y eso sí es importante evitarlo. 
Trátame con ternura si lo he merecido. Besos, susurros. Abrazos, canciones. 
Aunque sea un amasijo de huesos o una cáscara quejumbrosa trátame bien si llego, para que la muerte recoja un alma querida, inservible para ella, insobornable por tanto.

jueves, 22 de noviembre de 2012

TENER O NO TENER



Las sombras no tienen luz, pero la necesitan para ser. Creen que se bastan a sí mismas, pero nacen y mueren gracias a la luminosidad. Luego las sombras son vampiros ignorantes.
El país que tiene riqueza procura conservarla vendiendo zanahorias colgantes a los vecinos los cuales muerden al aire dejando saliva hambrienta en el muro del engaño.
La historia se repite tristemente debido a su dificultad para aprender. Te dicen que debes hacer bien las cosas, pero el premio se lo llevan los tramposos. 
Arriba y abajo. Tener y no tener. Amos y esclavos. Capricho y necesidad. Residencias de verano y chabolas. Tarjetas de crédito y agujeros en los bolsillos. 
Somos de carne y nos obstinamos en rodearnos de muros, sin pensar que una pequeña gota de sangre aguada percutiendo insistentemente en los tejados puede derrumbar cualquier oscura construcción, haciendo un boquete por donde entrará la luz convirtiendo en polvo a los vampiros. Y los niños jugarán con sus capas en medio de las calles repletas de muros derribados. 

domingo, 18 de noviembre de 2012

HUESOS SOLITARIOS (A Teresa)



Aquí tienes un amasijo de huesos solitarios, escondidos en una carne limitada con el riego sanguíneo cansado.
Hasta aquí he llegado con lo poco que tengo y canto una aleluya. 
Aquí tienes una alma empapada de gruesa llovizna, incapaz de guarecerse. Los soportales están ocupados. Tiemblo desfallecido pero sigo cantando.
La gente corre a cumplir sus cometidos mientras yo sigo buscando el mío.
El traje se aleja de mi cuerpo, no se si porque lo desprecia o porque sencillamente no lo encuentra.
Sigo cantando en medio de un desierto arado para nada. Las raíces crecen ocultando el fruto. La humedad que me queda no nutre la tierra, tan solo la convierte en barro. 
Sostengo con dificultad maltrechos sueños, harapos de una esperanza vencida.
Aquí tienes zumo amargo de naranja sin recolectar. Folios abandonados a la puerta de un colegio. Promesas de un próximo cadáver.
Canto una aleluya por no ser desagradecido.
Aquí tienes lo que da sentido a mis huesos solitarios: el amor de ellos por ti.
                                                              

viernes, 16 de noviembre de 2012

CARNE PICADA



De todas las formas en las que se puede mejorar, me quedo con la de carne picada. Masa moldeable preparada para el fuego. 
Retornar a la infancia con aromas de hamburguesa, tomillo y cómic. 
Alentar la rebanada, desmontando huesos lanzándolos al aire para una vez en tierra olvidar el lugar que ocupaban todos los pasadores. 
Me reconozco más en ordenadas disgregaciones que en caóticas uniones. 
Que me piquen y me dejen secar al viento de palabras suaves. Igual que un ibérico embutido bien curado, con especias cuidadosamente seleccionadas.
Que me dejen colgado hasta que una harina en forma de pan me abrace.
Al fondo del pasillo oigo afilar cuchillos. Son como cantos de sirena que me atraen haciéndome temblar. Cuesta aceptar los deseos.
El abecedario ruge como cuando lo desconocía. La pureza me persigue sabiendo que solo quedan sombras. 
Pero mi carne picada son las migajas que he ido dejando desde niño. Y me indican el camino de vuelta a casa. A la tierra. A la nada.